Porque escribir

…“Rinaldo, Rinaldo te estamos esperando, ahora vamos a hacer un tema de Rinaldo, poné más agudo esto”… “Hola, hola, hola, parezco un político. No se escucha parece…Bueno, este, yo voy a hacer un tema que se llama La Niña… Esteeee… La niña es, …esteee… es muy dulce, muy mansa… ¡Que pasa!, ¡que pasa!, hola, hola. Bueno,… escucha la letra porque yo, esteeee, mejor cuando se escribe que cuando se habla... Y después queda, ¡viste!....”

Rinaldo Rafanelli, en concierto de despedida Sui Generis 1975

martes, 12 de octubre de 2010

12 de octubre de 2010 – LA SANGRE PRIMERA

518 años. Demasiadas generaciones. Millones de vidas cegadas en nombre de santas palabras y superiores razones. Basta sólo mirar el mapa de América Central. Tuvieron que traer esclavos negros para suplir la mano de obra originaria que moría a millares esclavizados en las minas, en condiciones infrahumanas hasta reventar y que terminó prácticamente por desaparecer en su totalidad. Y lo mismo en América Central y lo mismo en los Andes Centrales y luego la larga muerte cultural, la imposición de un idioma único, de una nueva y única religión para tan diverso panorama cultural. Nuevos conceptos como propiedad privada, robo y enfermedad. Nuevas armas de destrucción masiva, nuevas tecnologías que reemplazaron a la piedra, madre fundadora de todo el orden cosmogónico amerindio.

Evidentemente, para el fenómeno del exterminio de nuestros pueblos a manos de los depredadores europeos no existe un consenso definido respecto de la cantidad de muertos y, en ese sentido surgen dos miradas extremas desde el mundo de la historiografía: Los que hablan de un 95% de la población precolombina muerta en los primeros 130 años de conquista y los que creen que del total de habitantes de nuestro continente, un 30% fue muerto. Cualquier análisis respecto de esta situación debiese instalarse entre una de estas dos orillas y aún desde la perspectiva menos dramática hablamos de varios millones de muertos.

En donde si coinciden la mayoría de los expertos, aunque con los evidentes matices, es en la forma y naturaleza de las muertes. En principio se trató de una guerra de conquista de un imperio (el español) a otros, una guerra para aplacar, para imponer el poderío de las tecnologías de guerra foráneas, altamente superiores por sobre rudimentarias formas de guerra. En este proceso, en este choque, cayeron los primeros y en algunos casos, como el de la guerra mapuche/español este proceso se extendió por largos 3 siglos, con algunos intervalos de relativa paz.

La segunda madeja de este entramado de sangre fue una guerra silenciosa, microscópica, pero que cobró la mayor cantidad de víctimas. Nuestro continente, pese a que hay varias e interesantes teorías que hablan de más intercambios culturales de los que suponemos ente Europa y América antes de Colón, permaneció en una suerte de encierro sanitario durante cientos de años y los virus y bacterias que en Europa cobraron millones de muertos en algunas épocas, y que habían generado anticuerpos en las nuevas generaciones, prácticamente se desataron sin control alguno entre nuestros antepasados, que morían por montones, presa de fiebres, llagas y doloroso tormento. Enfermedades como la viruela, la peste bubólica, el sarampión, los simples resfriados, el tifus, enfermedades venéreas, entre otros flagelos, fueron más poderosos aún que la pólvora, la rueda, el caballo, las armaduras y la ambición de los primeros conquistadores.

Por último, quienes sobrevivieron a la primera ola de guerra y de guerra bacteriana fueron condenados a vivir esclavizados en las minas y en las haciendas de los nuevos dueños de la tierra. Los lavaderos de oro comenzaron a cimentar la riqueza de los extranjeros a costa de la más inescrupulosa de las explotaciones. Las alicaídas economías europeas cobraron un inusitado auge gracias a esta violenta expoliación de todo un continente… Pero este será tema de una pronta nueva crónica.

Por último les dejo dos videos cuyas canciones son preciosas desde el punto de vista de la mirada de nuestra Amérika Originaria. El primero es "La Maldición de Malinche", de Amparo Ochoa, que nos relata desde Mesoamérica la tragedia de nuestros pueblos. El segundo forma parte de la obra "Taki Ongoy", de Victor Heredia, y nos cuenta el encuentro entre las hordas de Pizarro y la corte del Inca atahualpa, el verdadero "encuentro" entre dos mundos y la cosmovisión del mundo andino.

MALDICION DE MALINCHE


CREO EN MIS DIOSES

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