Porque escribir

…“Rinaldo, Rinaldo te estamos esperando, ahora vamos a hacer un tema de Rinaldo, poné más agudo esto”… “Hola, hola, hola, parezco un político. No se escucha parece…Bueno, este, yo voy a hacer un tema que se llama La Niña… Esteeee… La niña es, …esteee… es muy dulce, muy mansa… ¡Que pasa!, ¡que pasa!, hola, hola. Bueno,… escucha la letra porque yo, esteeee, mejor cuando se escribe que cuando se habla... Y después queda, ¡viste!....”

Rinaldo Rafanelli, en concierto de despedida Sui Generis 1975

martes, 5 de octubre de 2010

NADA QUE CELEBRAR

Ahora sí, septiembre ha pasado y con él las dificultades para escribir en estos días. Ya comienza a volver la calma tras el vendaval de ruido y fiebre tricolor. La chilenidad se vistió de gala. Los jardines infantiles, colegios, universidades, oficinas espacios públicos y todo lugar habitable desplegaron sus ingenios, atizaron la fiebre colectiva y todo lo visible fue adornado prolijamente para la ocasión. 200 años desde el comienzo de la independencia… El Bicentenario…

Los medios de comunicación tuvieron fiesta para un buen rato. Los dueños del retail lloraban lo que dejarían de ganar durante 3 días, los dueños de los almacenes de barrio se preparaban henchidos de emoción por la gran oportunidad que se les presentaba. De todas partes imaginables florecieron niñas vestidas de “chinas” y pequeños engalanados en sus trajes de “huaso”, huasos terratenientes, por cierto. Olor a empanadas de pino, la rica cebolla bajada con algo de azúcar, contundentes asados, vino tinto y chicha dulce de uva. Imágenes de gente celebrando, gente bailando, borrachos, peleas, borrachos, el pie de cueca del presidente, el viejo y poco agraciado pie de cueca de Lagos Weber, borrachos, un minero atrapado bailando en torno de la bandera, fondas, nuevos asados, la empanada más grande del mundo, juegos de luces, ensayo de aviones en el cielo, bandas de guerra en los colegios, desfiles, borrachos, perros vagabundos, conciertos gratuitos de chilenidad, banderas, banderillas, cintillos, chapitas, O’Higgins y Carrera unidos a la fuerza con el beneplácito de la Logia Lautarina, la bandera más grande de todas las banderas, parada militar para que tiemblen los vecinos de más al norte, mensajes de los 33 mineros atrapados, cumbias, bailanta popular, reggaeton a todo flow, aviones sobre La Moneda bombardeando humos tricolores esta vez, celebración, desmanes, borrachos, perros vagabundos, celebración y desmanes, más celebración, desfile de barcos, borrachos, borrachos y más borrachos, el ruido, el himno nacional con la mano derecha en el pecho a la usanza gringa, las luces de una ciudad bulliciosa, el frío de una noche que aún no es verano, el latido urbano, la bandera con su estrella solitaria. Celebración y más celebración… Demasiada chilenidad, demasiado pan y circo romano para mi viejo gusto de hombre anclado a la tierra.

Algunos de los que vivimos y transitamos a diario por este mismo suelo no tenemos nada que celebrar. ¿Cómo podríamos celebrar mientras un puñado de guerreros mapuches mantuvo inalterable una huelga por más de 80 días hasta la fecha de realización de este texto?, ¡¡¡80 días!!!, 80 días para exigir ser tratados con los mismos derechos que cualquier otro habitante de esta tierra, 80 días para romper el cerco comunicacional de los poderosos de siempre. En Chile debe generarse una profunda discusión respecto de los cimientos culturales que le dan forma a nuestro carácter colectivo, si es que lo tenemos… No somos una cultura uniforme, una nación bajo la lógica tradicional que pretende uniformar las diferencias. Somos una nación multicultural, diversas culturas la habitamos y la chilena, generada con fuerza creciente a partir del proceso independentista, es una de estas culturas, probablemente la más híbrida, la más heterogénea, la más masiva. En la medida en que los educadores fomentemos una discusión profunda respecto a construir un país que respete la sencilla pero profunda y necesaria diferencia entre las culturas, un país que no le tenga miedo a la diversidad, que reconozca el derecho de los pueblos a vivir y mantener las costumbres ancestrales, que le otorgue calidad jurídica a la multiculturalidad, este tema dejará de ser noticia de la crónica policial y dejarán de existir ciudadanos de primera y segunda clase. Cambiar esta perspectiva es cambiar la naturaleza del Estado, un Estado que se ha caracterizado por fomentar, avalar y justificar los procesos históricos de exterminio y posterior despojo de los territorios ancestrales en beneficio de los inversionistas nacionales y multinacionales, un Estado que representa los intereses de la eterna élite gobernante y que se vale de sus medios de comunicación para desinformar y generar una visión parcial y carente de una mínima perspectiva histórica respecto de los conflictos de autonomía y búsqueda de reconocimiento de nuestros pueblos originarios.

Octubre comienza a transformar de manera tímida el amanecer en una brisa cada vez más tibia y bienhechora. El ciclo de la vida sigue su curso inalterable y las siembras se preparan para sus primeros brotes. Es la hora de caminar, dejarse llevar por el viento sur, sentir el latido de la madre tierra que nos arrulla, buscar en el sueño la voz profunda de los antepasados, hablar con la lluvia, con los árboles del camino y mantener la misma mirada de los antiguos que a veces nos hablan desde el horizonte de los sueños.

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