Porque escribir

…“Rinaldo, Rinaldo te estamos esperando, ahora vamos a hacer un tema de Rinaldo, poné más agudo esto”… “Hola, hola, hola, parezco un político. No se escucha parece…Bueno, este, yo voy a hacer un tema que se llama La Niña… Esteeee… La niña es, …esteee… es muy dulce, muy mansa… ¡Que pasa!, ¡que pasa!, hola, hola. Bueno,… escucha la letra porque yo, esteeee, mejor cuando se escribe que cuando se habla... Y después queda, ¡viste!....”

Rinaldo Rafanelli, en concierto de despedida Sui Generis 1975

lunes, 30 de mayo de 2011

UNA VIDA

Hasta los 11 años su vida fue normal dentro de lo que puede ser considerado normal en una familia obrera con dificultades económicas como tantas otras, pero con un núcleo familiar visible y presente. A partir de los 11 dejó, abruptamente, de ser niño y creció, se hizo hombre en pocos meses. Su cuerpo aún conservaba la precaria fortaleza de la niñez, pero su mirada, a medida que se internaba en la vida, comenzaba a tornarse más dura, más insensible con cada golpe recibido, más carente de emociones.

El hecho que dio comienzo a su nueva vida fue la separación de sus padres. Su vida se vino a pique y se quebró como un espejo mal colgado y él sólo se quedó mirando los fragmentos como quién mira pasar un cortejo fúnebre, casi sin expresión, como esperando prolongar lo más posible el encuentro con la muerte. Pero la muerte estaba allí, frente a sus ojos, en la figura de un hogar que dejaba de ser, de una seguridad que se abandonaba de golpe, de un padre, de una madre ausente, de una casa demasiado grande para sus ojos de niño de 11 años. Su padre lo llamaba desde una orilla del abismo y su madre desde el otro lado; él, en medio de esas dos voces decidió lanzarse a la soledad. En medio de una bifurcación forzada decidió abandonar la ruta, salir al bosque, hacer camino al andar, inventar un nuevo horizonte, una nueva configuración para sus pasos. Eligió la soledad, es decir la compañía de amigos insensatos, una familia de fantasía que reemplazó de manera dramática a su antigua familia. Una vez perdida la brújula, cualquier línea en el camino le sirvió de horizonte. Eligió la calle como su nuevo hogar.

Su vida sí que cambió, entonces. Los juegos de su primera niñez pasaron rápidamente al olvido, había que leer con nuevos ojos el paisaje que lo habitaba, había que saber hacerse fuerte, aplicar astucia donde antes había candidez, desconfianza donde antes habitaba la credulidad total, violencia donde hubo alguna vez la voz autoritaria del padre. Sus nuevos juguetes: cuchillos, pistolas, pastillas para todo uso, drogas varias. El primer robo cargado de emoción dio paso al segundo y luego al tercero y en poco tiempo perdió la cuenta y cobró una cierta pericia, un cierto estilo que se acomodaba a su cuerpo. Sólo veía moverse el dinero, abundante entre sus manos y una nueva sensación de excitación comenzó a habitarlo cada vez con más fuerza, como si de la sensación efímera del placer dejado por el consumo se tratara. Convirtió el “arte” de robar en una suerte de adicción, se aficionó al dinero, al PODER que sentía cuando caminaba armado por las calles de su población. Los delitos aumentaban en complejidad: robos de vehículos, asaltos a mano armada en domicilios, restaurantes, farmacias. Su vida de niño caía, se difuminaba en nuevas y violentas experiencias en un tiempo tan breve que ni el mismo Kafka hubiese podido, quizás, explicar.

Un día, después de una fiesta en el barrio, la muerte se cruzó en su camino. Una discusión con otro tipo, muy probablemente mayor que él. El forcejeo con el otro, que lo miraba como a un pendejo sin importancia, un cabro chico chillón, altanero, agrandado. Él, que se precipita muy al fondo de ese abismo al que se había lanzado hace un tiempo, lentamente, como en cámara lenta, casi como una película de Hollywood, la mano que se mueve desde el fondo de sus ropas, la mirada inyectada en sangre de niño rabioso, la actitud desafiante, la mano izquierda que se abre paso, que busca el pecho del otro, que lo enfrenta sin remordimientos, un segundo eterno en medio del caos, el mundo que desaparece de pronto frente a sus ojos, otro cristal que se rompe allá muy lejos, el sonido de un trueno, como diría Bradbury.

El otro hombre cae como una hoja seca, 3, 4, quizás más perforaciones en su pecho. La muerte implacable que encuentra un nuevo cliente. Mientras los ojos del infortunado se apagaban, el niño guarda el arma entre su ropa y huye resueltamente del lugar. Tenía tan sólo 12 años.

La muerte de aquel pobre infeliz marcó una nueva etapa para el muchacho. Comenzaron las detenciones por uso de arma de fuego, los asaltos, los robos con intimidación. Todo lo realizado en ese breve pero intenso espacio de tiempo fue saliendo a la luz, incluso una causa por usurpación de identidad debido a la muerte causada. Conoció en mundo de las Casas de Menores con el alto auspicio de SENAME. Fue creciendo y creciendo en ese ambiente con la sola pretensión de ser el mejor, el más cotizado, el más respetado.

A los 16 años, en virtud de la Nueva Ley de Responsabilidad Penal Adolescente, los apacibles y comprensivos rostros de SENAME dan paso a la custodia de Gendarmería. La cárcel, aquel espacio “sagrado” al que todo “choro” con los zapatos bien puestos debe conocer, comenzaba, cada vez más deprisa, a convertirse en una realidad, a cobrar una dimensión posible, cercana, accesible. Su primera vez en una cárcel de menores le quitó 6 meses de libertad, pero lejos de amilanarlo le fue tomando el gusto a esta nueva sensación de profundidad. En la vida de hogares, así como en la vida de encierro carcelario se establecen vínculos, contactos, redes informales que lejos de ayudarlo a mejorar su situación de vida, parecieran ir educándolo con nuevas estrategias, fórmulas precisas, códigos desconocidos, experiencias de otros. La vida en la cárcel le fue enseñando como pararse, como mirar, como actuar, qué estatus le correspondía de acuerdo a sus delitos (el asaltante siempre ha sido bien visto). Se dio cuenta que el respeto se lo ganaba más fácil de lo que hubiera pensado.

Sólo dos meses duró en la calle. La condena, esta vez, considerando que su delito había sido mayor, fue de 5 años. Aún no cumplía la mitad del tiempo en prisión cuando cumple su mayoría de edad. En ese contexto es trasladado hasta la ex Penitenciaría. En aquel lugar, que haría temblar de pavor a muchos de los ávidos lectores de esta crónica, estuvo 22 meses, casi casi dos años. Ya no era un niño y ya la cárcel parecía algo demasiado familiar como para tener algún temor de volver a caer en prisión.

Esta vez la libertad le duró 6 meses, los que aprovechó para estar con su pareja, una mujer que estuvo dispuesta a vivir con la intensidad de largas esperas y visitas semanales. La nueva condena lo tuvo 18 meses encerrado y en el intertanto fue trasladado a la tristemente célebre Cárcel de San Miguel (ver textos alusivos al Incendio). En ese lugar, antes que las llamas devoraran los sueños y las miserias de 81 personas, su mujer le da un mensaje de vida. Por fin podría tener una familia y comenzar a cubrir los espacios vacíos y los dolores dejados por aquella que no lo supo cuidar a los 11 años. Podría, ¿quizás? cerrar las heridas del pasado y del presente, mirar el mundo con ojos más profundos cargados de duras experiencias, aprender de los innumerables errores, rehacer el camino, volver sobre lo caminado, borrar la historia, borrar las huellas, no haber disparado aquella arma a los 12 años, no haberse lanzado al abismo, no haber tomado la decisión de elegir su propio camino, no haber entrado a aquella farmacia, no haber cometido aquel delito, no haber respirado profundo antes del clásico ¡¡Manos arriba!!, no haber consumido tanta porquería, no haber nacido pobre, no haber nacido, no haber, no…

Un nuevo beneficio carcelario lo dejó una vez más en libertad, su mujer tenía 8 meses de embarazo, el tenía 21 años. Vio nacer a su hija y por primera vez en mucho tiempo el peso de la historia nueva que tomaba entre sus torpes manos lo estremecía. El mundo ya no era tan ajeno a sus emociones. La vida y la libertad eran bellas y existía la posibilidad de vivir y disfrutar y respirar y buscar la mejor manera de ser feliz, de ser un hombre íntegro, de ser alguien digno para esos ojillos que lo miraban y luego lloraban sin entender nada aún de las complejidades y contradicciones del mundo al que venía llegando por libre decisión.

Por primera vez en demasiado tiempo dejó de darle lo mismo la cárcel. No quería volver a estar encerrado, no quería perder su libertad, pero sobre todas las cosas, no quería dejar de mirar en la profundidad y transparencia de los ojos de su hija su propia posibilidad de redimirse, de sanarse, de salvarse. La realidad, una vez más, iba en otra dirección que sus deseos. Tuvo que reincidir y volvió a la cárcel. Esta vez lo condenaron a 100 días por un delito menor, pero este hecho activó otros resortes judiciales y como había sido beneficiado con la libertad la vez anterior, se vio obligado a completar aquella condena.

Ahora espera que los 33 meses que debe pagar privado de libertad, le sirvan para hacerse cada día más fuerte, para no flaquear en aquellos días de aflicciones que se le vendrán, para resistir estoicamente la tentación del dinero, para encontrar otra forma de Ser y Estar en esta vida, junto a su mujer y a su pequeña hija, la única persona que ha logrado estremecerlo, al grado de hacerlo pensar seriamente en la posibilidad de transformar su vida.

lunes, 23 de mayo de 2011

FORGES - ALGUNOS PAISAJES NO TAN LEJANOS


Hace un tiempo vi algunas viñetas de este ilustrador español, que de alguna manera me hicieron recordar la genialidad de Hervi en tiempos de Dictadura, cuando sus historias y dibujos nos iluminaban el corazón en medio de esa larga oscuridad. ¡Cómo olvidar a ese genial personaje de "Supercifuentes"! que salía todos los meses en Revista La Bicicleta, un tipo como cualquier otro, que para sobrevivir durante la recesión del 82 tuvo que vender de todo un poco en la calle y, de tanto en tanto, en la medida que veía injusticias y abusos (muchísimos más de los que recordamos), se convertía en un superhéroe que reestablecía momentáneamente el orden. Las historias de Supercifuentes terminaban siempre con el heroe encarcelado quejándose de su situación junto a otro desdichado.

LIBERTAD

EXPLOTACIÓN



DESCOMUNICACIÓN

PROFESORA MÚLTIPLE
PRECARIEDAD LABORAL

DESTINO

BIENAVENTURANZA

sábado, 7 de mayo de 2011

EL BUEN LADRON

Tiene 19 años. A diferencia de la mayoría de los muchachos condenados del Centro tiene a sus dos padres juntos, los que trabajan y viven de la manera más sencilla y justa posible. Sus padres trabajan y han trabajado toda su vida como asalariados, completando esta larga cadena económica en la orilla oscura de los bajos sueldos y las extremas necesidades. Sus padres lo quieren, siempre lo han querido, es el mayor de 3 hermanos… la esperanza de la familia. Es el hijo querido, el primogénito, el fruto del amor, el primero. Vive en una de las muchas poblaciones devenidas en “villas” tras la instalación de un “complejo deportivo” (es decir un cuadrado de cemento delgado, mallas altas para impedir que las pelotas se vayan del recinto y dos solitarios arcos de baloncesto, cansados y desgastados como dos árboles sobrevivientes del maremoto) y el asfaltado de las calles (cuya fina capa sólo duró el primer invierno). En estricto rigor, la solidez (relativa, por cierto) de los muros de su casa, convierte a la familia en pobres “no tan pobres”, quizás, con $100.000 más de sueldo hasta pudiesen ser considerados clase media. Su pobreza, a ojos de la tecnocracia economicista no es extrema, es llevadera, es normal.

Sin que sus padres se enteraran comenzó a robar. Nadie lo entendería, su modo de hablar no era el propio de los avezados delincuentes, su mirada risueña era la de un niño bondadoso y travieso, ansioso de mundo. Sin embargo comenzó a robar y rápidamente se especializó. Con una pistola calibre 45, más grande que sus manos en principio, y sacada de quien sabe qué callejones oscuros del mercado negro, se dedicó a las farmacias y las gasolineras, dinero instantáneo y bajo nivel de peligro. A veces andaba solo y otras con algunos compañeros del camino. Se dio cuenta que “con dinero se compran huevos”, como decimos en Chile. Comenzó a ganar estatus en el barrio y en el mundo del hampa posmoderna. Allí todos se conocen, se pasan el dato de los más “choros”, aprenden a valorar, a respetar, a despreciar a los novatos, a los cobardes, todos tienen su nivel, su rango, dependiendo del peso real de sus acciones. La calibre 45 y el estilo de sus robos eran su carta segura para lograr una buena aceptación. Sin embargo nunca fue del todo violento. El dinero era necesario y lo gastaba “sabiamente”. Jamás se dio un lujo innecesario, jamás la zapatilla de marca, el reloj lujoso, los lentes caros, el aro, el collar de oro. A lo más una pulsera con la imagen de la virgencita de Montserrat delataba su Ser y su Estar en el mundo. Jamás un golpe por el sólo hecho de inspirar terror, jamás un abuso que no estuviese completamente justificado en su perspectiva ética.

Era un niño y actuaba como un adulto, con la seguridad del que sabe que la intensidad de la vida es como una droga que si le tomas el gusto, su sabor te embriaga y no te dejará jamás por más que quieras. Sus padres, cuando se enteraron de su oficio lloraron y maldijeron y luego se arrepintieron de sus maldiciones y rogaron al Señor por el alma de su hijo y se avergonzaron de sus acciones y le dieron la paliza de su vida, que él pudo haber evitado con su prestancia de choro curtido, pero que asumió estoicamente, doblegado y humillado por la rabia de sus padres. Eran sus padres, sus viejos queridos los que lo despreciaban en cada golpe y que sentían, del mismo modo, con cada golpe que le daban al trapo carnoso y sangrante que era su hijo, el dolor amplificado en su corazón de buenos padres trabajadores. Quizás era el poco tiempo, las distancias, la falta de seguimiento, las malas juntas, la pobreza, ¡cómo saberlo!, Quizás era todo eso y mucho más, quizás los únicos responsables eran ellos, quizás los responsables eran otros, pero ahí estaban sus viejos, más cansados y viejos que nunca y él, doblegado, herido, cansado, avergonzado, pero parado en su ley. Luego de la paliza y tras la recuperación los robos continuaron, pero quedó una herida en su corazón. Él podía saltar al abismo en el momento que quisiera…Pero… ¿Era necesario saltar y perderse con los ojos cerrados en la vorágine de la vida extrema?, quizás y tan sólo quizás fuese posible articular nuevos lenguajes, doblar la mano del destino, vislumbrar otra vida posible, otro paisaje, otra vibración en el pecho, otra forma de vida, otro camino, quizás el correcto.

A medida que estos pensamientos comenzaban a devorar sus momentos de ocio el amor le trajo una nueva distracción, una joven, una chiquilla del barrio, guapa, sana, limpia y morena, su “orgullo ante la pobla”, como diría un poeta valdiviano. A medida que la relación crecía y se profundizaba el lazo, la niña comenzaba también a mostrarse en toda su plenitud y ya no era tan guapa ni tan sana y de morena a veces su pelo cambiaba a platinado forzado, pero era la moda y se aceptaba como parte de la cultura. Después de todo él no era perfecto ni tampoco un ejemplo de santo varón. Poco a poco la niña comenzó a tomar las riendas de la relación, le exigía tiempo, espacios de los que el dedicaba al “trabajo”, más tiempo por las noches, que era su hora favorita para la acción y los robos, más presencia, más vida de pareja, en fin. Él, que la quería pese a todo, entendió sus requerimientos como el despertar incipiente de los celos que destruyen toda buena relación y luego de un tiempo de tensiones decidió cortar por lo sano e invitarla a participar de una “acción”, es decir, robar junto a él. Ella, quizás por destino o falta de profundidad en la reflexión, tras un corto tiempo de duda aceptó la propuesta y se concertó la hora y el día indicado para el acompañamiento. Él, que pese a todo esperaba una respuesta negativa de parte de ella se vio enfrentado a la disyuntiva de llevar a su amor y someterla al peligro.

Todo robo siempre trae consigo 3 posibles y fatales escenarios: La posibilidad de ser descubierto y atrapado por la policía, tener que usar la Colt 45 o ser contraatacado con inesperada consecuencias. Cualquiera de las 3 posibilidades lo conducían a sí mismo a 3 posibles lugares: La cárcel, el hospital (y luego la cárcel y/o el cementerio) o el cementerio por línea directa. En ninguno de los 3 caminos esperaba ser acompañado por su amor, así es que decidió optar por una medida salomónica que consideraba sería la mejor y más segura opción (no sé ustedes, pero yo mientras escribo no puedo dejar de pensar en la historia de Edipo y su imposibilidad de romper con el destino macabro señalado por la pitonisa en Delfos). Este Edipo moderno, que no mató a su padre ni se casó con su madre ni menos tuvo hijos con ella y que, por el contrario sólo quiso tomar la mejor decisión para proteger a su pareja decidió no ya robar en una bencinera ni en una clásica farmacia (dinero seguro, pero atraco muy expuesto). Optó por el más fácil e instantáneo “cogoteo” en la esquina (el que siempre reporta algo, aún en los más malos momentos: chaquetas de cuero, celulares, relojes, billeteras, bolsos, computadores portátiles, pendrives, mp4, en fin…Para qué seguir.

La fatalidad se vistió de gala aquella noche. En el segundo robo tras el primero que le había reportado un celular y unos pocos billetes, cuando ya sumaba otro celular a su haber y cuando la muchacha, entre temerosa y osada no podía dejar de sentir admiración por la resolución del muchacho que a sus ojos se agrandaba adoptando la figura de un bandolero legendario incapaz de sentir dolor, en ese instante, en ese preciso instante cuando ya se sumaba un nuevo número en la lista de atracos nocturnos en las innombrables calles del gran y oscuro Santiago, se les cruza una patrulla de Carabineros que los sorprende y se los lleva detenidos. Él sólo atinó a pensar en su pareja. Ella ya tenía 18 años. Él sólo tenía 17, aún sería considerado menor de edad por las autoridades y, por ende, sería condenado a estar en una cárcel juvenil, algo así como una temporada en la playa con todos los gastos pagados, todo el peso del castigo caería sobre ella. Decidió echarse la culpa de todo. La había obligado a estar con él aquella noche, ella no había participado directamente de los robos, él era el único responsable de los hechos. Un juez la dejó libre tras 6 meses de prisión, el menor tiempo que pudo estar en la cárcel, casi un regalo. Pero él, en virtud del reconocimiento de su autoría, fue condenado a 5 años de presidio en CRC San Bernardo.

EPILOGO
Ella lo viene a ver todos los domingos y a veces se encuentra con sus padres, que la miran casi con reproche, pero que la aceptan. Total, es la mujer de su hijo. El aprendió a profundizar su vergüenza por las cosas que hizo cuando estaba libre. No se arrepiente de lo vivido, cada experiencia le ha dado una visión más profunda de las cosas. Nunca hizo un daño que pudiese ser considerado irreparable y eso es bueno para él, le da cierto sosiego a su vida… sólo cierto sosiego. Él quisiera cambiar su vida, quisiera seguir estudiando. Tiene miedo, sin embargo, de no ser capaz de mantener afuera, la fortaleza que siente tener aquí adentro. Está enfrentado a un profundo desafío. Su mujer lo quiere y quiere seguir a su lado. Él la quiere y quiere vivir una nueva vida a su lado, sus padres lo apoyan, una parte de él en su fuero interno cree que el tiempo perdido se transforma en una constante que irremediablemente lo conduce al abismo; otra parte de él piensa que ahora está en el fondo de ese abismo al cual se lanzó el primer día que comenzó a robar y que sólo queda moverse y moverse y moverse para salir de ahí. Le quedan tan sólo un par o tres de meses para pedir un cambio de medida a su condena. Sólo entonces veremos un germen de realidad, sólo entonces.

jueves, 28 de abril de 2011

LA SOCIEDAD DE LOS POETAS MUERTOS

Pese a una reticencia que guardo de muy antiguo respecto de esta película y que no vale la pena aclarar, me guste o no, forma parte de esta gran familia de cintas, que señalo en CINE PEDAGOGÍA, de las cuales guardo en carpeta al menos 10 títulos más, algunos de ellos bastante desconocidos y otros que se caen de maduros (Los Coristas, Escuelas de Rock, Descubriendo a Forrester, El Rector, La Ola y otras) así es que aquí la tenemos, en gloria y majestad y con una imagen casi en sepia, aunque tan sólo han pasado poco más de 20 años desde su estreno, que trae muchos recuerdos, sobre todo a quienes hemos pasado tímidamente la barrera de los 40.

“La sociedad de los poetas muertos” es, primeramente, la novela homónima de Nancy Kleinbaum, de cuyo texto Tom Schulman realizó el guión que, finalmente, bajo la dirección de Peter Weir fue llevada al cine.


La cinta, puesta en escena en 1989 y ambientada en 1959, nos sitúa en el ultraconservador colegio Welton, al que llega John Keating, un antiguo estudiante egresado de sus aulas, a realizar clases en el departamento de inglés. Este profesor, interpretado por Robin Williams despertará, a través de la acción poética, a sus estudiantes del letargo intelectual en el que estaban sumidos, formando parte de la clase privilegiada, preparándose para asumir puestos de poder, reprimiendo cualquier pensamiento o interés que se alejara de la senda trazada por sus familias, viviendo vidas artificiosamente vacías de emoción y pasión, vidas fabricadas por otros, vidas en las que la maravilla de vivir sólo consistía en subir y subir los peldaños del escalafón social y luego mirar al mundo desde la altura, desde el poder. Es esta la realidad que el profesor Keating alterará radicalmente. Los muchachos aprenderán a sentir las vibraciones, los pulsos más íntimos de su ser, comenzarán a vivir los días con una nueva sensación de búsqueda, de apetito, de aventura, de rebeldía y libertad y comenzarán a sentir lentamente que son, por fin y quizás por un maravilloso y efímero instante, dueños absolutos de sus vidas.

A lo largo de la cinta se va desarrollando este proceso de profunda influencia desarrollado por el profesor. A poco de andar la película vemos probablemente uno de los momentos más bellos, decidores y profundos, cuando el maestro los invita a salir fuera de la sala y comienza una clase diferente, basada en la reflexión respecto de sí mismos, del sentido que debiesen darle a sus vidas, del aprovechar cada momento para no arrepentirse más tarde, cuando ya no haya remedio y la muerte borre todas las huellas de un paso sin matices por la vida. CARPE DIEM es la consigna, aprovechar cada momento, vivir la vida con vigor, con pasión, con fuerza arrolladora, respirar profundo y no dejarse llevar tan sólo por lo que otros desean, aprender a construir una historia propia, única e irrepetible, ser uno mismo con su propio peso y su propia gravitancia y sus propios instrumentos de cartografía, ser algo más que un número, una cifra, una pieza más de un gran e inacabado puzzle, ser algo más que otro ladrillo en la pared, como refrendaría el viejo Waters.

Otro momento de antología se da en la siguiente escena, me parece que en la segunda clase, cuando el maestro los invita a leer del libro de literatura su introducción, en la que vemos una rígida y muy académica explicación respecto de lo que es la poesía. Tras la lectura les pide arrancar las hojas con esa introducción, ¡Basura! Eso es lo que resulta ser esa explicación. ¡Cómo es posible explicar el proceso creativo sin pasión alguna, cómo es posible encuadrar, normar, esclavizar aquello que nació para ser libre, para volar en medio de la imaginación como un errante, como un planeta que gira en torno a un sol no descubierto aún por la tecnología humana, como un misterio para el cual la restringida naturaleza humana no encuentra aún explicación. La poesía no se puede explicar, se debe vivir, se debe hacer parte de la piel, se debe respirar con vigor, con pasión, con rebeldía y amor, y eso es lo que los jóvenes estudiantes comienzan a aprender de manera vertiginosa junto a su profesor.
A medida que nuestros ojos se acostumbran a la narrativa, vemos la transformación que los estudiantes comienzan a vivir en su mirada y en su toma de decisiones, es decir en su Ser y en su Estar en el mundo. Esta transformación es más bien el paso de una actitud de forzada sumisión a una abierta y extrema rebeldía en un proceso que va creciendo gradualmente hasta enfrentar violentamente a los estudiantes con la autoridad, encarnada en la figura del Señor Nolan (Director de la escuela) y el señor Perry (padre de Neil, joven que se debate entre su vocación de actor y la inflexible autoridad de su padre). En la tensión dramática establecida entre la autoridad y los jóvenes, más la influencia cada vez más gravitante del profesor Keating se desarrollan los pasajes centrales de la cinta, la que siguiendo el rigor de todo drama hecho a la medida del cine norteamericano, terminará con un desenlace lacrimógeno y terrible: Por un lado el suicidio del joven Perry y por otro la expulsión del profesor y la extorsión hacia los estudiantes del colegio Welton, los que deben elegir entre seguir en la “honorable” institución cuyo lema es “Tradición, Honor, Disciplina, Grandeza” o acusar al profesor; terrible, insana, malévola encrucijada que termina sometiendo a todos los jóvenes salvo a Charlie Dalton, el único que se niega a firmar el oprobioso texto impuesto por el director Nolan y por cuyo acto de grandeza es expulsado ignominiosamente de Welton: “Travesura, Horror, Deshonor, Excremento”.

En medio de esta tragedia y el cierre de antología, varias imágenes bellas como la reedición de la “sociedad de los poetas muertos” por parte del grupo de muchachos protagonistas de la película. La Sociedad había sido, en los tiempos de estudiante del profesor Keating, la cáfila poética en la que un grupo de jóvenes transformaba el mundo con sus textos y su pasión por vivir. Las reuniones de esta nueva sociedad secreta en la “cueva” logran generar el ambiente de misticismo que toda comunidad necesita para mantener su cohesión y de ahí a obrar la trasformación radical había sólo un par de pasos. Todo comienza a mutar en los ojos de los muchachos, todo parece posible, todo parece cuestionable, todo parece modificable, el amor imposible por una muchacha en virtud del CARPE DIEM se torna un interesante desafío en la figura de Knox, la idea de incorporar muchachas al Colegio Welton se transforma en una bandera de lucha, la broma a lo Andy Warhol de Charles en medio de una asamblea, el vencimiento de la asfixiante timidez por parte de Todd, el despertar de la pasión por el teatro del trágico Neill, la esencia de la vida en la nueva mirada de estos jóvenes.

Finalmente todo vuelve a la “normalidad”. El mismo señor Nolan toma la clase del expulsado maestro mientras llega un sustituto, vuelve a la carga con la manida definición de poesía, alguien golpea a la puerta, es el profesor Keating que quiere sacar sus objetos personales, tensión en la clase, rostros compungidos de los obligados a mentir para guardar las apariencias, segundos eternos que pasan con una lentitud agobiadora, el profesor Keating que se demora más de la cuenta y que parece cansado, derrotado, dolorosamente marchito, que se va y no se va, que los mira casi de reojo, que luego y obligado por el señor Nolan comienza a retirarse, Todd que no aguanta más e intenta explicarle que los obligaron a firmar, El señor Nolan que intenta hacerlo callar, el señor Nolan que impele al profesor Keating a retirarse rápidamente, él que se va y no se va, cuando está por salir de la hasta ese momento interminable sala de clases Todd que se sube a la mesa y le dice “¡Oh Capitán, mi capitán!”, la contraseña sagrada que hermana a los aprendices con su maestro en un abrazo de fuego, la emoción en el rostro de Keating, la rabieta ardorosa de Nolan, la Sociedad de los Poetas Muertos que despierta, se levanta otro y otro y otro más y otro y otro, ¡Oh Capitán, mi Capitán!, Nolan que desaparece del mapa, el ojo de la cámara que mira a los subidos desde abajo, aumentando su estatura en todo sentido, los jóvenes que resarcen la traición forzada con la valentía del que nunca será más esclavo, la mirada clásica de Robin Williams cuando nos quiere emocionar, las “gracias muchachos, gracias” del emocionado profesor, la derrota, la eterna, clásica y agotadora derrota que se transforma, por fin y por un breve instante, en gratificante victoria, la música de Maurice Jarre, el mismo de Dr. Zhivago, los créditos. TELÓN…

FICHA TECNICA DE LA CINTA
NOMBRE: Dead poets society (USA), La sociedad de los poetas muertos (México), El Club de los Poetas Muertos (España)
GÉNERO: Drama
DIRECTOR: Peter Weir
GUIÓN: Tom Schulman
FOTOGRAFÍA: John Seale
MÚSICA: Maurice Jarre (Autor de la música de Dr Zhivago, Ghost, El Tambor de Hojalata, Pasaje a la India, Gorilas en la Niebla, entre un largo número de bellas producciones)
PAÍS: E.E.U.U.
AÑO: 1989
DURACIÓN: 129 minutos
ACTORES: Robin Williams como John Keating, Ethan Hawke como Todd Anderson, Kurtwood Smith como el señor Perry, Robert Sean Leonard como Neil Perry, Josh Charles como Knox Overstreet, Gale Hansen como Charles Dalton, Dylan Kussman como Richard Cameron, Allelon Ruggiero como Steven Meeks, entre otros.

VIVIR de la Sociedad de los poetas muertos.
Por Walt Whitman

No dejes que termine el día sin haber crecido un poco, sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte, que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.
Nos derriba, nos lastima, nos enseña, nos convierte en protagonistas de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tú puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar, porque en sueños es libre el hombre.
No caigas en el peor de los errores: el silencio. La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes. Huye.
"Emito mis alaridos por los techos de este mundo", dice el poeta.
Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas, pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.
Disfruta del pánico que te provoca tener la vida por delante.
Vívela intensamente, sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo y sin miedo.
Aprende de quienes puedan enseñarte. Las experiencias de quienes nos precedieron de nuestros "poetas muertos", te ayudan a caminar por la vida.
La sociedad de hoy somos nosotros Los "poetas vivos".
No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas....
Vive con intensidad tu vida y no dejes nunca de soñar...
Walt Whitman

miércoles, 20 de abril de 2011

EL DERECHO A FUGA

Eran 3 jóvenes pasados los 18 años, cada uno con su condena, con su particular universo de contradicciones, sus aprendizajes, desaciertos y compleja vida a cuestas. En ese determinado instante, a una hora inexacta de la tarde-noche, en ese pedazo inconcluso de tiempo, en ese espacio amurallado en el que el tiempo pierde toda consistencia, algo más fuerte aún que el propio hecho de estar privados de libertad en CRC San Bernardo los unió: el irrestricto deseo de fugarse.

En la historia reciente de los últimos 20 años en nuestro país, el tema de la fuga está instalado en nuestra desmemoriada retina. Cómo olvidar el helicóptero aquel rescatando a 4 miembros del FPMR de la Cárcel de Alta Seguridad, situación que a muchos nos hizo brindar de emoción, por la épica instalada en esa fuga, por el estilo, por la puesta en escena, por la limpieza de la acción, por la audacia. Cómo olvidar esa otra fuga a través de un túnel por el que se fueron medio centenar de presos políticos y se hubiesen ido otros tantos a no mediar el atascamiento provocado por un “compañero” con varios kilos de más que taponó con su cuerpo la posible salida para muchos otros, según refrenda la mitología popular. O, por otro lado, un intento de fuga en Colina 1 o 2, en el que los “capos” del penal contrataron a unos pirquineros para que construyeran el túnel, que casi les resulta de tan perfecto que estaba hecho, con tabiquería firme a prueba de derrumbes pero no del oído inquisidor de los vecinos. O los montones de intentos fallidos o ciertos a lo largo y ancho de la geografía carcelaria de nuestra país.

La posibilidad de fuga es un derecho de todo prisionero. No tengo la menor idea si está instituido en tanto derecho jurídico, tampoco sé si en caso de atrapar a los fugados las condenas pueden aumentar, pero mientras existan cárceles, hombres y mujeres encerrados forzosamente, existirá esa necesidad inalienable de pensar la mejor manera de fugarse. En ese sentido hay algunos libros o cintas que son realmente espectaculares al respecto. Recuerdo una de ellas: The Shawshank Redemption (no sé su traducción al castellano) de 1994, en la que un tipo de muy buen pasar, acusado de matar a su esposa es encarcelado. En el encierro es prontamente descubierto por sus dotes con las matemáticas por el señor alcaide, el que lo obliga a llevar las cuentas de la cárcel, cuentas con muchos abusos de poder y dinero a raudales. El prisionero, de inteligencia superior, comienza desde muy pronto a cavar y cavar su camino hacia la libertad. A medida que descubre todas las turbiedades de sus custodios, se hace de amigos entrañables y logra armar un plan posible de fuga, cambiar números de cuenta, no ser descubierto y disfrutar lo que le queda de vida. Vale la pena verla, al igual que “Fuga de Alcatraz”, “Celda 211”, “El Patio de mi Cárcel”, “Papillón”, ”La Fuga”, “Brubaker”, “El Expreso de Medianoche”, “En el Nombre del Padre”, y otras tantas de menor factura. En fin.

Quiso la mala suerte o el destino o la buena suerte, que estos muchachos fueran sorprendidos en su intento cuando “casi” lograban su acometido libertario. Uno de ellos fue prontamente trasladado para el purgatorio que resulta ser la sección juvenil de Puente Alto y a los otros dos aún los ando buscando para entrevistarlos y mejorar esta breve crónica.

martes, 29 de marzo de 2011

ESCUELA "LA ESPERANZA"

Probablemente este no sea el mejor título de este cuento, pero es así como lo encontré en la red y así lo mantendré. Mis estudiantes de la Universidad Silva Henríquez ya lo conocen, siempre lo leo en las primeras sesiones, en aquellas donde comenzamos a tomar el pulso a los futuros maestros. La historia es sencilla pero muy conmovedora, habla de las palabras, y de la profunda herida que pueden dejar algunas de ellas lanzadas sin pensar. Nuestra labor cotidiana está cruzada de palabras, rectoras, creadoras, propositivas, castigadoras, generadoras de ideas, vacías, etc. Su adecuado o inadecuado uso ha de ser determinante para nuestros estudiantes,sobre todo cuando están en juego la potencia creadora y la imaginación de un niño bajo nuestro resguardo e influencia en una sala de clases. Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra, el adjetivo cuando no da vida: mata, decía el maestro Huidobro hace un tiempo, a juzgar por este cuento y por el manoseado, aunque no menos cierto, concepto de que las palabras construyen realidad, tenía toda la razón.

UN NIÑO
Una vez un niño fue a la escuela. Él era bien pequeño y la escuela era bien grande, pero cuando el niño vio que podría ir solo hasta su clase, directamente, caminando desde la puerta de calle, se sintió feliz, y la escuela no le parecía tan grande. Una mañana, cuando hacía poco que él estaban en la escuela, la maestra les dijo: “hoy vamos a hacer un dibujo”. –Bien- pensó él. A él le gustaba dibujar. Él podía hacer todas las cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y barcos…y tomó su caja de lápices para dibujar. Pero la maestra dijo: ¡esperen!, no es hora de comenzar. Y él esperó hasta que todos estuvieran listos. Hoy, dijo la maestra, vamos a dibujar flores. Bueno, pensó el niño, a mí me gusta dibujar flores, y comenzó a dibujar flores muy bonitas, con lápices rojos, naranja, azul, amarillo, etc., pero la maestra dijo ¡esperen!, yo les mostraré como se hacen las flores, y dibujó en la pizarra una flor roja con un tallo verde. Ahora si, -dijo la maestra-, ahora pueden comenzar. El niño miró la flor que hizo la maestra y luego miró la suya. A él le gustaba más su flor, pero no reveló eso, simplemente guardó el papel con la flor que él había dibujado, e hizo una flor como la de la maestra, roja con tallo verde. Así, aprendió a esperar, a observar y a hacer cosas como el modelo que daba la maestra, ya no hacía cosas por sí mismo. Entonces sucedió que el niño y su familia se tuvieron que mudar a otra ciudad y él tuvo que ir a otra escuela, y esta nueva escuela era mucho más grande que la anterior. El día que él fue a su primera clase en esa escuela, la maestra del curso dijo: “hoy vamos a hacer un dibujo sobre una flor”, -bien- pensó el niño, y esperó a que la maestra indicara como hacerlo y diera un modelo, pero la maestra no dijo nada. La maestra empezó a recorrer los puestos y cuando llegó donde el niño le preguntó ¿tú no quieres dibujar o no sabes dibujar una flor?. Si, le respondió el niño, -si quiero dibujar-, ¿Pero... Cómo la hago?, “como tú quieras”, les respondió la maestra, y el niño dibujó una flor roja con el tallo verde. (Helen Buckley)

lunes, 28 de marzo de 2011

PALABRAS



En fin, tras una larga ausencia y un ajuste en el orden de este texto, creo que me he dejado llevar una vez más por mis dedos que escriben y escriben sin control alguno, para ellos no hay sueño posible capaz de borrar las palabras que en caudal incontenible brotan desde el centro de mi pecho. Hay una conjugación perfecta entre mis manos, sus dedos y las letras que yacen en el teclado. El camino es perfecto, salto entre uno y otro espacio y voy dando coherencia a las letras sueltas, las letras se agrupan en estructuras simples llamadas palabras, las que a su vez se agrupan en estructuras más complejas llamadas oraciones; las oraciones son capaces de construir su propio territorio, se adueñan del paisaje, pueblan los espacios vacíos, el gigantesco territorio anecúmene del cual están compuestos la mayoría de los cerebros; las palabras instalan sus mediaguas, sus chozas mínimas, sus viviendas básicas que el viento del invierno frío e inclemente arrastra como motas ligeras de algodón. Y luego las palabras establecen acuerdos y mancomuniones y sociedades de socorros mutuos en defensa de su precario sistema organizativo y transforman el entorno y dan curso nuevo a la aurora y levantan puentes para unir territorios inexplorados y llevan la luz hacia los pantanos insondables donde reina la oscuridad casi perpetua, y avanzan y avanzan y avanzan... Las palabras, tras una larga revuelta y muchas pérdidas, se toman por fin el poder en mi sistema cognitivo. Todo mi universo paradigmático está compuesto de palabras, todos mis esquemas mentales, todo mi sistema de representaciones, toda mi carta cognitiva está tapizada por un gran mural maravilloso e inagotable de palabras. Palabras, palabras… Palabras que bailan la danza del amor como la palabra MÚSICA pronunciada por tus labios de terciopelo. Palabras que anuncian el advenimiento de algo más poderoso aún que el precario amor de los hombres, como la palabra LIBERTAD. Palabras que tiemblan solas en su vigor lúdico y maravilloso como la palabra ORGASMO. Palabras joviales, antiguas y necesarias como la palabra REBELIÓN. Palabras femeninas y sensuales como tu nombre, dulce mujer. Palabras, palabras que el viento sur arrastra sin prisa hacia un destino incierto cargado de emociones vitales y furiosos vendavales que hacen crecer los ríos cordilleranos. Palabras, palabras como la palabra FIN, tras de la cual, ya nada tiene sentido por esta noche.

sábado, 19 de marzo de 2011

TALLER DE CREACION LITERARIA

El último día de trabajo antes del receso veraniego terminé de realizar el primer ciclo de un Taller Literario en Casas 1 y 2 de CIP – CRC San Bernardo. Logré formar dos buenos grupos de trabajo en los que participaron 17 jóvenes de ambas casas hasta el final del taller y 25 en total. Los muchachos me esperaban todas las mañanas de sábado (que esos días realicé el Taller) y ya tenían la sala pedida y me reclamaban el atraso, sobre todo los del segundo grupo (Casa 2) pues en la anterior casa siempre nos alargábamos. Al principio no sabía cómo comenzar el taller. La mejor manera de acercar el mundo de la creación literaria a los jóvenes de la cárcel es generando producciones propias, con un sentido de pertenencia, en un contexto “significativo” dirían otros. Le di vueltas al tema durante varios días. El prejuicio inicial señalaba que los muchachos no escriben, que no les interesa, que no les reporta ningún beneficio inmediato, que no les hace mucho sentido escribir y sobre todo de sus vidas, pues las partes oscuras se las guardan celosamente en la intimidad de su memoria. Una parte de razón y mucho de no creer en las potencialidades de los jóvenes había en todo eso. En realidad en las entrevistas iniciales para estructurar el grupo con el que comenzaría las actividades, a muchos jóvenes el tema les pareció francamente una pérdida de tiempo. Cuando iba casa por casa invitándolos a participar del taller y les explicaba el sentido de este, me miraban como si yo fuese un verdadero idiota, pero algunos se interesaron genuinamente y otros pocos se interesaron porque era una buena instancia para reírse un momento. Fue con estos dos grupos que di comienzo al Taller.

DIFICULTADES INICIALES
Comenzamos en noviembre. Un Taller de Creación Literaria que busca potenciar la capacidad creadora que llevamos algunos más dormida que otros, no es fácil. Sobre todo cuando este taller se cruza con elementos estructurales deficitarios, como son un muy bajo nivel de comprensión lectora, una afición lectora casi inexistente, dificultades para redactar ideas de manera coherente, carencia de palabras para profundizar el lenguaje y matizar el fluir de las ideas entre otros elementos que complejizan cualquier actividad basada en la construcción de ideas. Por otro lado, el no contar con espacios de trabajo adecuados, salas con la suficiente aislación de ruido para fomentar la concentración no existen en el Centro. En casa 2 trabajé en tres salas distintas, una de ellas, la más aislada, está ubicada en medio de los pabellones donde duermen los muchachos y más específicamente en medio de los baños de los pabellones. El olor a encierro de cárcel, a baño colectivo, la humedad, la suciedad, sillas apiladas hasta casi tocar el techo, las griferías con el agua corriendo, la falta de ventilación eran y son potenciales enemigos de los procesos creativos, pero ¡¡qué diablos!!, era la sala más aislada, la más silenciosa, en la que menos éramos interrumpidos. De las otras salas, una estaba en medio de un pasillo muy transitado y el que pasaba por ahí golpeaba la puerta, las ventanas de policarbonato, gritaban, tiraban cosas por las rendijas o los espacios abiertos, o simplemente se quedaban mirando lo que hacíamos distrayendo a los de adentro. Yo, fiel a mi noción de puerta abierta dejaba entrar al que quisiera, y lo invitaba a participar de las actividades. Ellos se quedaban un rato, algunos comenzaban a escribir, otros a incomodar a sus compañeros y casi todos, tras un breve instante, se largaban tan intempestivamente como llegaron. La otra sala era perfecta también, pero pronto fue habilitada para realizar otros talleres en ella así es que la perdimos.

COMO DISEÑÉ EL TALLER
Centré el Taller en una premisa que comenté en el párrafo anterior: En la construcción de textos libres, a partir de ejercicios diversos que fueron aumentando lentamente su complejidad. Algunos de los ejercicios y juegos para desarrollar destrezas en el ámbito de la creación literaria los encontré en la red y busqué la mejor forma de adaptarlos para que no fuera un vulgar copiar y pegar, pero la mayoría de las actividades estuvo centrada en la DESCRIPCIÓN, que, en el fondo, es la primera y fundamental etapa para la elaboración posterior de ideas más complejas. De esta manera buscaba fotos interesantes y trabajaba preguntas sobre esas fotos que los muchachos respondían de manera escrita como si estuviesen contándole a alguien esa historia. Por ejemplo, en la segunda guía de trabajo les puse las ya clásicas fotos de una muchacha afgana, cuando era adolescente y 20 años después cuando el periodista que sacó la foto, buscó hasta encontrar a la muchacha y le volvió a sacar otra fotografía cuando ya, evidentemente, no era una muchacha y su rostro develaba el paso del tiempo, y de las guerras y quizás que otros tantos dramas. Respecto de la foto de cuando era joven, les pedí que respondieran preguntas tales como ¿Quién era la muchacha?, ¿En qué país vivía?, ¿Qué le había sucedido?, ¿De dónde venía?, ¿Hacia dónde iba? Y que la describieran físicamente. Tras esa primera parte les pedía que inventaran una breve historia que explicara porque esa muchacha llevaba su ropa raída. Posteriormente les mostraba la fotografía de 20 años después, les decía que eras la misma persona de la foto anterior y sus rostros de incredulidad eran para la risa. No podían entender como había cambiado tanto esa muchacha y el ejercicio evidente era señalar esas diferencias que estaban a la vista y la construcción de la historia que explicara el porqué de esos cambios tan marcados. Los textos que asomaban de este sencillo ejercicio resultaron ser, en su mayoría, bastante elaborados y cargados también de sus propias experiencias de vida. La pobre niña había sido abusada, golpeada por padre borracho, vendida como esclava, ultrajada por jaurías de enajenados, había tenido abortos productos de los golpes, se había prostituido, había vivido muy pobremente, sufrido mucho, había sido injustamente castigada, etc. y etc. Todo un desafío para un terapeuta sicoanalista.
En el formato de ese ejercicio descriptivo, trabajamos con pinturas de Dalí, de Munch (“El Grito”), de Picasso (“Guernica”), de Millet (“El Angelus”), de Renoir (“Joven peinándose”), del Bosco (Detalles de su cuadro “El jardín de las delicias”) de Matisse, Escher y otros. Con todos ellos la idea fue siempre aprovechar la imagen para generar reflexiones y textos.
Los muchachos comenzaron a inspirarse. En cada guía de trabajo les presentaba también, una serie de palabras bajo el formato de baúl de palabras, las que debían, una vez averiguado su significado, incorporar a sus textos. Lo anterior, sumado a otro baúl de palabras, esta vez de adjetivos, les permitía a los noveles escribientes, contar con una gran cantidad de palabras para usar, incorporar y aplicar a sus nacientes discursos creativos.

DE LO MÁS FÁCIL A LO MÁS COMPLEJO
Del mismo modo, en un principio comenzamos con la realización de acrósticos con sus nombres y otros con alguna palabra significativa para ellos. En ambos casos la idea fue siempre que hablaran sobre ellos, sobre sus sueños, sus aspiraciones, su vida. Respecto de la palabra significativa, la más recurrida fue, por cierto, la palabra LIBERTAD. Junto con los ejercicios de acrósticos realizamos ejercicios de encadenamientos, en los que debían continuar una oración ya establecida, pero repitiendo la última parte de la oración encadenándola con la anterior (en una próxima entrega dejaré ejemplos de los ejercicios realizados con los muchachos, que se explican mejor observándolos). Posteriormente dimos otro paso elaborando cartas a la mujer amada, a la mujer ideal, a la mujer que no sabe que la amamos, a la madre; trabajamos también con algunas figuras literarias (anáfora, aliteración, hipérbaton, hipérbole, metáfora, pleonasmo y símil), construyeron un personaje a partir de una serie de preguntas e instalamos ese personaje en una historia ambientada en los barrios de origen de los muchachos. Jugamos, también, a construir textos breves a partir de 5 palabras azarosas, elaboramos textos basados en una reconstrucción de recuerdos de su niñez y pudimos escribir un cuento colectivo… Los jóvenes participantes del taller no querían terminar, pero había que darnos un descanso tras unos sábados intensos. Ahora, hace dos semanas, comencé a realizar el segundo ciclo del taller. Espero tener pronto los frutos del primero, es lento transcribir y el tiempo es lo que más nos falta. Este nuevo taller está centrado, esta vez, en la Casa 2 y espera desarrollar otros aspectos que ya les contaré. En una próxima entrega, entonces, dejaré algunos textos de los muchachos con algunas de las actividades que les he comentado.

domingo, 27 de febrero de 2011

RECUERDOS DEL TERREMOTO

Habíamos llegado hace tan sólo 3 días de unas vacaciones preciosas. Recorrimos desde Chillán, a Temuco, Nueva Imperial, Carahue, Puerto Saavedra, Puerto Domínguez, Puerto Montt, y luego Chiloé siguiendo la ruta de las iglesias patrimoniales, finalmente cerramos con un mini viaje en torno del lago Llanquihue, eso en poco menos de 3 semanas, aun nos quedaba una semana para completar nuestro mes y teníamos dos destinos posibles: el entorno de Valdivia y la zona de Concepción. Recuerdo lo mucho que le insistía a Carol sobre la belleza histórica de la zona del carbón, pueblos anclados en el pasado como Cobquecura, las luchas y la maduración de la conciencia obrera en la zona de Lota. Ella tenía a la fecha 5 meses de embarazo de Nahuel Aukán y andábamos con Antu Nehuen, que en esos días no pasaba de los dos años y que era el más feliz de los 3 y se bañaba en cuanto río, lago o playa se nos cruzara en el viaje. Continuar esa semana extra era un buen desafío, pero en realidad no quisimos abusar de la buena salud de Carol y decidimos volver. Llegamos a Santiago el miércoles 23 de febrero muy temprano por la mañana.

Los siguientes días fueron lo de siempre, descansar lo vivido, revisar las fotos, emocionarnos con la belleza de los paisajes vistos, con la buena comida de las cocinerías, con la rusticidad de las micros rurales, las luciérnagas y su luz de tono mágico que hizo a Carol recordar los cuentos de hadas de su niñez, los paseos por bosques de boldos y moras silvestres, el olor del campo y la fiereza dulce del viento abriéndose paso entre sus ramas, la laguna de Loreley que me hizo recordar la odisea de Aguirre llamado La Cólera de Dios, la cascada de Tocoihue camino a Tenaúm, las esculturas de madera en Puerto Domínguez, las piedras negras de Puerto Saavedra, la lluvia de Chonchi, las noches de campo sin luna y la vasta extensión del cielo colmado de estrellas como nunca se ve en Santiago, salvo cuando falla el Sistema Interconectado Central o cuando sucede una catástrofe mayor como la de 3 días después.

Así andábamos, riendo de la nada, recordando y soñando, guardando los nombres de los nuevos amigos en nuestras agendas, desatando nuestros bolsos con lentitud, sin prisa. Haciendo algo de aseo luego de casi un mes de ausencia, volviendo a nuestra realidad poco a poco, disfrutando de la tibieza de las tardes y las noches, aprontándonos para el invierno y el nacimiento de nuestro segundo hijo. Yo como siempre, revisaba documentos y papeles antiguos intentando, en vano, darles algo de orden o traspasándolos al computador para que no terminaran de empolvarse.

Eran poco más de las 3 de la mañana de aquel 27 de febrero y yo aún trabajaba en el computador. Era ya tarde para mí y el cansancio me impulso a dejar el ejercicio cotidiano. Algunos camiones pasaban por el camino antiguo a Valparaíso rumbo de la costa, en una procesión que no terminaría del todo bien. Era una noche cualquiera, como cualquier otra de las tantas en que me dormía demasiado tarde para la normalidad. La casa en que vivíamos (y que aún nos sustenta) era como una casa de cuentos, de madera, pequeña muy pequeña, de dos pisos y finas terminaciones en la escalera y en el marco de las puertas. El segundo piso es una gran habitación, grande para lo que estamos acostumbrados a definir como un dormitorio en nuestro país. En los comunes cabe sólo la cama y un mueble y se acabó el espacio para lo demás. Antu ya dormía. Carol había llegado hace poco de una reunión. María, nuestra amiga, la había venido a dejar desde Santiago y me contaba los pormenores de la reunión. El computador se terminó de apagar y yo bajé al primer piso, al baño. Tuve tiempo de ducharme, secarme, volver a vestirme. Cuando me lavaba los dientes comenzó todo. Primero fue un movimiento suave, un temblor como los que a diario ocurren, las paredes se estremecieron y lo hicieron aún más cuando el temblor agarró algo de fuerza y en vez de aplacarse continuó y continuó, cada vez más despierto. Cerré la llave del agua, miraba el techo sin razón, como si el origen de todo ese movimiento estuviera en él. Fueron 20 o 30 segundos en que esperé que amainara el movimiento. Siempre esperé la llegada del terremoto, nunca había vivido uno, pues el de 1985 me encontró muy lejos de la zona central y sólo sentí el temblor de costumbre. Un terremoto, pensaba, debe ser de aquellos fenómenos naturales dignos de vivir para contar a la posteridad, una tontería, por supuesto, pero la tontería se hacía realidad.

El movimiento se hizo más anormal, más persistente, más fuerte. Fui a la escalera y comencé a subir rápidamente, el movimiento continuaba.
Carol ya tenía a Antu en brazos y empezaba a bajar, casi chocamos en la escalera. ¡Baja, baja!, me decía, yo quise afirmarla, tomar al hijo, pero sólo entorpecía el paso así es que comencé a bajar los peldaños, seguido de ellos. A media escalera se desató toda la furia. Jamás pensé que la tierra pudiera moverse así. La violencia del movimiento cortó la luz, Carol comenzó a gritar, el ruido de los muebles desplazados no ayudaba a recobrar la calma, estábamos en medio de todo y no podíamos avanzar pues el movimiento nos tenía detenidos a mitad de la escalera. Comenzaron a caer los cuadros, los libros, los objetos, los vasos, los platos. El ruido del terremoto era el ruido de los objetos que caían alrededor de nosotros. Avancé peldaños abajo como pude, Carol me seguía como podía, a ciegas, los vidrios se quebraban arriba, abajo y junto a nosotros, la oscuridad era total y no paraba y no paraba. Choqué con la biblioteca, pisé vidrios quebrados, llegué a la puerta y trataba de calmar a Carol que gritaba pidiendo que todo terminara, ella estaba totalmente descontrolada y afirmaba a Antu con todas sus fuerzas. Me costó mucho abrir la puerta, la negrura de la noche en movimiento nos saludó, no sé cuántos segundos o minutos pasaron. La tierra comenzó a serenarse lenta y sostenidamente. Carol aún lloraba. En casa de sus padres, que queda junto a la nuestra, salieron todos y todos estaban bien. Yo esperaba que el epicentro no hubiera sido muy lejos, de ser así la fuerza del terremoto sería mayor en otro lado y eso sería terrible para la pobre gente de ese lugar. Intenté recordar donde tenía velas y encendedor. A ciegas caminaba, pisando los vidrios y los objetos caídos. Logré encontrar y encender una y el espectáculo era deprimente en el primer piso. Todo estaba por el suelo, pareciera que un ser poderoso hubiese sacudido con toda su rabia nuestra casa y se hubiese luego marchado sin dar explicación.

Esa noche no dormimos. Las primeras dos horas fueron de soledad, silencio y oscuridad total. No sabíamos nada de nadie y las noticias que escuchaba en el pendrive eran confusas y se atropellaban unas con otras. Todo el mundo coincidía en la enorme magnitud del terremoto y en que el epicentro estaba ubicado en algún punto de la querida Concepción. Pudimos haber estado allá pensé, y un temblor no ya de tierra me estremeció. Luego la confusión fue dando pasó a noticias más y más dramáticas. Comenzó a circular una lista inicial de muertos y desaparecidos, un hombre lloraba desde Cobquecura diciendo que todo su querido pueblo se había venido abajo, otra gente desesperada por no saber nada de sus familiares, yo llamaba y llamaba desde el celular a todo el mundo pero la telefonía celular estaba totalmente colapsada, la noche avanzaba tan desesperantemente lenta que ahogaba hasta que casi imperceptiblemente una fina claridad comenzó a envolver el entorno. Luego vendrían las imágenes de mayor horror, el maremoto, los muertos, desaparecidos, los saqueos, la desesperación de la gente, el dolor, el drama de pueblos enteros, las negligencias y los actos de heroísmo, la historia, que se abría paso en medio de la destrucción, el eje de la tierra que, una vez más, había cambiado su dirección.

viernes, 18 de febrero de 2011

LEO MASLIAH, SIEMPRE UN AGRADO

Leer o escuchar a ese genial creador uruguayo es siempre revitalizador. Su prosa devela el absurdo que acompaña cada uno de nuestros pasos urbanos, cada una de nuestras acciones, nuestras manías, nuestros modos, ese universo particular cargado de imágenes comunes que nos hace reconocernos como americanos en cualquier parte, qué importa que al metro le llame el subte o a un lápiz birome, sabemos que habla de la misma gran cosa que a todos nos pertenece, esa ansia profunda de mirar al mundo con ojos particularmente abiertos, como los de un niño que contempla extasiado el nacimiento de un nuevo día sobre su atalaya de piedra. Les dejo un texto que él recita muy bien y que se llama "A la fuerza no" y algunos videos para que los disfretemos. La web está muy bien documentada con textos, música y videos suyos por si nos interesa adentrarnos en su imaginario y hacer el sano ejercicio de encontrar similitudes.

A LA FUERZA NO
"Había una vez un país donde los obreros y los empleados ganaban sueldos muy bajos, los jóvenes no podían conseguir trabajo y debían emigrar, los alquileres estaban muy por encima de lo que la gente podía pagar, las jubilaciones no alcanzaban para nada y además había que mendigarlas haciendo horas y horas de cola frente a la caja, para después perderlas a manos de los rapiñeros que a su vez hacían cola para esperar a los viejitos que salían de cobrar.

Un día, ese país, cuyo gobierno había sido elegido democráticamente, cayó bajo la tutela de una dictadura que obligó a los obreros y a los empleados a ganar sueldos muy bajos, impidió que hubiera trabajo para los jóvenes, forzándolos a emigrar, impuso alquileres que estaban muy por encima de lo que la gente podía pagar, y jubilaciones que no alcanzaban para nada, y que además debían ser mendigadas haciendo horas y horas de cola frente a la caja, para después ser arrebatadas de manos de sus poseedores por rapiñeros que a su vez hacían cola para esperar a los viejitos que salían de cobrar.

Pero los habitantes de ese país opusieron una tenaz resistencia al gobierno de facto, acabando por derrotar a los dictadores, y dejándoles bien clarito que, si era una cuestión de vivir mal, había que hacerlo por propia voluntad, y no porque a un puñado de capitanejos se les antojara. Conquistada la restauración democrática, entonces, y sobre las ruinas dejadas por la dictadura, nuestros héroes se abocaron minuciosa y concienzudamente a la construcción de un país donde los obreros y los empleados ganaran sueldos muy bajos, los jóvenes no pudieran conseguir trabajo y debieran emigrar, los alquileres estuvieran muy por encima de lo que la gente pudiera pagar, las jubilaciones no alcanzaran para nada y además hubiera que mendigarlas haciendo horas y horas de cola frente a la caja, para después perderlas a manos de los rapiñeros que a su vez hacían cola para esperar a los viejitos que salieran de cobrar".

LA TRAGEDIA DE IR A VER EL TITANIC


POETA NEURASTENICO>

martes, 8 de febrero de 2011

MENTES PELIGROSAS

La mente es un músculo peligroso. Un músculo que cuando entra en acción nos permite rebelarnos contra toda forma de opresión, evidente o soterrada, convertirnos en insumisos, abandonar la obediencia ciega, tomar nuestras propias y profundas decisiones, más allá de la moda, más allá de la imagen parcelada de sociedad que la televisión nos instala en la retina día a día, segundo a segundo. Cuando nuestra mente entra en acción con todo su potencial, tiemblan los cimientos del antiguo-nuevo orden, nos tornamos peligrosos, políticamente incorrectos, destemplados, hiperventilados y otros tantos eufemismos que ocultan lo único verdadero: que nos hacemos dueños, por fin, de nuestras ideas… y comenzamos la lenta tarea de recuperar nuestras acciones.

La cinta Mentes Peligrosas, una más de aquellas que presento en CINE-PEDAGOGÍA, nos instala varias premisas interesantes de ser analizadas y puestas en práctica en nuestro cotidiano Hacer Pedagógico. En primer lugar nos sitúa en un contexto complejo de extremos socioculturales en los cuales las carencias sociales, la marginalidad y la falta de perspectivas son el caldo de cultivo para el hastío, la inercia, la violencia innecesaria, la pérdida del tiempo, el Ser y Estar sin sentido, el vivir en la superficie, mirando con muy poca profundidad lo que ocurre con nuestra vida y nuestro entorno, nuestro habitus que nos nutre y nos hace actuar de determinada manera, aún sin tener plena conciencia de nuestras decisiones.

Una vez más es la labor del educador, en este caso encarnado por la siempre dulce Michelle Pfeiffer, devenida en la primeriza maestra de literatura inglesa Louanne Johnson, la que logra estremecer a los estudiantes y les devuelve la capacidad de conducir sus propias vidas y de tomar decisiones estructurales.

La maestra deberá enfrentar el fracaso de otras profesoras, deberá sobreponerse a su propio fracaso inicial y buscará “encantar” a sus estudiantes a través de algunos ejercicios de karate y enseguida aplicará un método bastante poco convencional: los hará leer poesía de Bob Dylan y Dylan Thomas (y con eso ya se ganó varios cielos) y conectará las letras de esos poemas con su vida cotidiana. Del mismo modo partirá aprobando a todos sus estudiantes, ellos solamente tendrán que mantener esa aprobación realizando los ejercicios entregados por la maestra. Se conectará con sus estudiantes en una dimensión afectiva a la que no estaban acostumbrados, visitará las casas de algunos, se ganará su confianza, hará un trabajo especial con el líder del grupo escolar, establecerá un sistema de recompensas por logros, instalará el concepto de “elección”, para que los muchachos y muchachas se reconozcan responsables de sus decisiones, instalará la idea de que la mente es como un músculo que mientras más se desarrolla, mayores proezas será capaz de lograr.

ALGUNAS CRÍTICAS
La cinta no es, probablemente, de las mejor logradas, en este ámbito del CINE-PEDAGOGÍA. El ritmo se pierde con facilidad, la intensidad dramática no convence del todo y hay otras cintas, que usando la misma carga argumental, logran un efecto mucho más completo en el desarrollo del mundo interior de los personajes (baste sólo recordar “Escritores de la Libertad”. Del mismo modo, algunos podrán discrepar abiertamente del excesivo apego a las estrategias conductistas (sistema de premios-incentivos según logros, etc.) En fin, siempre habrá leños sueltos para alimentar esta hoguera.

Yo recuerdo que hace algunos años implementamos en una escuela que ayudé con todo mi amor de educador a levantar, y de la que fui ignominiosamente expulsado luego de 5 años de ejercicio docente, un sistema de trabajo que consistió en abandonar lo más posible el uso de notas en las calificaciones. Comenzamos a usar otros criterios: Logrado, medianamente logrado, etc. pero no usamos notas. A los estudiantes les pareció algo raro el sistema, muchos querían ver sus 7 en franca competencia con las notas de los otros, pero en el fuero interno de los mayores, creo yo, ya estaba instalada la idea de que a escuela nueva con profesores locos como nosotros, cosas locas como la carencia de notas debían pasar. Los que no nos perdonaron la audacia y no nos dejaron continuar con el plan fueron los padres y apoderados, ¡cómo podía habérsenos ocurrido esa bestialidad!, Recuerdo también con exacta claridad que esos mismos padres juzgaban la seriedad de una clase por la cantidad de hojas colmadas de materia que los niños se llevaban a casa, la proporción era la siguiente: a mayor cantidad de materia en el cuaderno, tanto mejor era la clase; mientras menos materia e información en los cuadernos, mayor posibilidad de dudar de la seriedad y calidad del maestro. Nosotros, que destinamos gran parte del primer año a resolver otros problemas anexos a los procesos de aprendizaje tradicional (motivación, establecimiento de lazos afectivos, reencantamiento con la educación y la institución escolar, establecimiento de acuerdos de convivencia, reconfiguración de la figura del maestro a la que la mayoría de los jóvenes simplemente odiaba luego de tantos malos tratos recibidos por los malos educadores, reconfiguración de sus sensaciones de logro luego de tantos y tantos fracasos, en resumen, muchos ejercicios alternativos y sociopedagógicos y menos materia en los cuadernos, es decir, mucha crítica por parte de algunos apoderados.

A veces, el mayor desafío para un educador no está precisamente al interior de la sala de clases sino en el espacio circundante. Para la profesora Johnson se tradujo en la muerte de un joven en virtud de la distancia insalvable entre la dirección de la escuela y los estudiantes y, por cierto, en el cero interés que su propuesta pedagógica despertó en la abuela de unos jóvenes que abandonaron su clase; para nosotros pese a aquellas iniciales críticas, se tradujo en un mayor compromiso de trabajo, cargado de pasión y amor por el camino que creíamos correcto.

FICHA TÉCNICA DE LA CINTA
NOMBRE: Dangerous Mind. Mentes Peligrosas (ESPAÑA). Escuela del Vicio (MEXICO)
DIRECCIÓN: John N. Smith
PRODUCCIÓN: Jerry Bruckheimer, Don Simpson
DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Donald Graham Burt
GUIÓN: Ronald Bass
FOTOGRAFÍA: Pierre Letarte
MONTAJE: Tom Rolf
PAÍS: EEUU
AÑO: 1995
DURACIÓN: 96 minutos
ACTORES: Michelle Pfeiffer como Louanne Johnson, George Dzundza como Hal Griffith, Renoly Santiago como Raúl Sanchero, Wade Dominguez como Emilio Ramírez, Bruklin Harris como Callie Roberts, John Neville como Salonero

VIDEO TRAILER DE LA CINTA



BOB DYLAN - MR TAMBOURINE MAN



MR TAMBOURINE MAN
Hey! Mr. Tambourine Man, tócame una canción
No tengo sueño y no voy a ninguna parte.
Hey! Mr. Tambourine Man, tócame una canción
En el cascabeleo de la mañana te seguiré.

Aunque sé que el imperio
De la tarde ha vuelto a convertirse en arena,
Se ha desvanecido entre mis manos,
Me ha dejado a ciegas, de pie, pero sin dormirme aún.
Mi abatimiento me asombra, estoy plantado en mis zapatos,
No hay nadie a quien tenga que ver
Y la antigua y vacía calle está demasiado muerta para soñar.

Hey! Mr. Tambourine Man, tócame una canción
No tengo sueño y no voy a ninguna parte.
Hey! Mr. Tambourine Man, tócame una canción
En el cascabeleo de la mañana te seguiré.

Dame una vuelta en el torbellino de tu nave mágica
Me han despojado de mis sentidos, mis manos no sienten al apretar,
Los dedos de mis pies demasiado entumecidos para caminar,
Esperan solo a las suelas de mis botas
Para empezar a vagar.
Estoy listo para ir a cualquier lugar,
Estoy listo para desvanecerme
En mi propio desfile, lanza el hechizo de tu baile hacia mí,
Prometo seguir bajo él.

Hey! Mr. Tambourine Man, tócame una canción
No tengo sueño y no voy a ninguna parte.
Hey! Mr. Tambourine Man, tócame una canción
En el cascabeleo de la mañana te seguiré.

Aunque puedas oír la risa, girando,
Balanceándose locamente a través del sol,
No está dirigida a nadie, simplemente escapa a la carrera
Y, excepto el cielo, no hay ningún cercado a la vista.
Y si oyes rastros borrosos de un saltarín carrete de poesía
A tiempo con tu pandereta,
No es más que un harapiento payaso ahí detrás,
Yo no le prestaría atención,
No es más que una sombra lo que ves que él persigue.

Hey! Mr. Tambourine Man, tócame una canción
No tengo sueño y no voy a ninguna parte.
Hey! Mr. Tambourine Man, tócame una canción
En el cascabeleo de la mañana te seguiré.

Después llévame desapareciendo
A través de los anillos de humo de mi mente,
Hasta las neblinosas ruinas del tiempo,
Más allá de las hojas congeladas,
Los embrujados, asustados árboles,
Fuera, a la playa ventosa,
Lejos del estrafalario alcance de la loca tristeza.
Si, a bailar bajo el cielo de diamante,
Moviendo libremente una mano.
Silueteado por el mar, rodeado por las arenas del circo,
Con todos los recuerdos
Y el destino conducido profundo bajo las olas,
Déjame olvidarme de hoy hasta mañana.

Hey! Mr. Tambourine Man, tócame una canción
No tengo sueño y no voy a ninguna parte.
Hey! Mr. Tambourine Man, tócame una canción
En el cascabeleo de la mañana te seguiré

miércoles, 26 de enero de 2011

LA MISION DE UN HOMBRE

Un hombre es un hombre
en cualquier parte del universo
si todavía respira.
No importa que le hayan
quitado las piernas
para que no camine.

No importa que le hayan
quitado los brazos
para que no trabaje.

No importa que le hayan
quitado el corazón
para que no cante.

Nada de eso importa,
por cuanto,
un hombre es un hombre
en cualquier parte del universo
si todavía respira

y si todavía respira
debe inventar unas piernas,
unos brazos,
un corazón,
para luchar por el mundo.


JOSE MARIA MEMET
(del libro: Cualquiera de Nosotros, 1980)

miércoles, 12 de enero de 2011

VERSOS A LA SICOLOGÍA COGNITIVA

Huyo del fuego. Mi cerebro despierta, se abren viejas esclusas y la información galopa por mi sustancia gris como un caballo desbocado. Todo está claro, todo está clarísimo, soy capaz de ver las palabras en mi cerebro con anticipación al discurso de mis labios. He aprendido a desarrollar algunos aspectos de la Programación Neuro Lingüística, mi memoria visual funciona a la perfección, soy un memorión visual, todo navega en tanto imágenes de situaciones por el mar incandescente de mi memoria. Toda mi memoria no es más que una serie de imágenes que se siguen unas a otras como en un carnaval de cine. Imágenes tras imágenes formando conceptos y nociones que dan paso a la conformación de los grandes paradigmas contemporáneos. Las ideas en forma de imágenes anteceden a las palabras en estos días y yo aprendo como un salvaje necesitado de emoción y acción y nuevas ideas y novedosas posibilidades para el despertar cognitivo. Soy un salvaje cognitivo, me cuelgo del brazo de la construcción de pensamiento.

Reformulo mis esquemas mentales. Readecúo mi Sistema de Representaciones, los símbolos se hacen eco de mis palabras, las imágenes se cruzan y se conviertes en ideas que fluyen unas y otras en una marea que va a desembocar a un gran mar de cognición, y el mar está tranquilo, calmo, como la claridad lunar de esta noche y de la noche pasada. La luna es un esquema previo que mañana será superado por el esquema solar y luego por el esquema de la lluvia y ese esquema será determinante para la conformación de nuevas estructuras mentales y así todas las piezas se conjugarán en una orgía dialéctica y escatológica.

Yo navego, yo discrepo con los fantasmas del miedo y ya no tengo miedo, poderoso me alzo en cuerpo y mente, hiperclaro, hiperlúcido, mi dedo se alza presuroso y señala el día de mañana que me aguarda sereno para echar a andar. Todo está bien entonces, todo ha de seguir su curso indiscreto y yo colocaré una nueva estrella en el cielo de mi sencilla historia.


jueves, 6 de enero de 2011

ESCRITORES DE LA LIBERTAD

Este film, al igual que la mayoría de los que aquí presento en CINE PEDAGOGÍA, mantiene la clave, la matriz argumentativa que se repite, aunque siempre con leves o profundos matices, de un curso insoportable, el que a la llegada de una nueva profesora o profesor logra modificar su conducta y transformarse en un curso modelo. Los matices lo dan la raíz “basado en hechos reales” y los altos índices de violencia, discriminación y segregación que vivían a diario los estudiantes con los que comienza a trabajar esta maestra.

La trama es sencilla, entonces. Erin Grunell, una profesora recién titulada, interpretada por la siempre sugerente Hilary Swank, sin experiencia pedagógica previa, con un padre millonario que esperaba “algo más de ella” que trabajar de profesora y un marido casi arquitecto que nunca terminó de titularse, llega a la Escuela Wilson en la zona de Long Beach. La escuela, de alto nivel y buena fama, obligada por las autoridades educativas del condado debe implementar un programa de estudios integrado, es decir, debe acoger a estudiantes de sectores vulnerables, algo así como que al Instituto Nacional se le obligue a aceptar a estudiantes (no los mejores) de algún colegio municipal de La Pintana, o de un CEIA, o de los Talleres Pre vocacionales o etc. Algo a todas luces interesante, que de hacerse sería un experimento al que habría que prestarle atención y que, en gran medida, rompería con la lógica de exclusividad y segregación que se plantea al elegir sólo a los mejores… Así cualquiera…, en fin.

La profesora va con toda su energía, con todas sus ganas de crear cosas nuevas y ser un aporte. El problema es que aparte de sus ganas no tenía más conocimiento de la realidad ni más comprensión de las tensiones sociales en la que se movían sus estudiantes que un ciudadano común. El choque con la realidad es violento, brutal. Muchos y muchas educadoras, en ese momento de tensión máxima, deciden dar un paso al costado, se reconocen incapaces de generar un trabajo en esas condiciones, comienzan a desarrollar una postura derrotista y buscan y encuentran culpables donde sólo hay víctimas. Ella está hecha de otra madera, de aquella que tanto necesitamos hoy en día. Ella mira más allá de lo evidente. Ella es capaz de conectarse con toda su energía y pasión con la pasión y la energía de sus estudiantes. Ella deja de lado el concepto de la profesora que da sólo y tan sólo su clase para asumir la acción pedagógica con toda su complejidad.

Para generar movimiento pedagógico en situaciones de alta vulnerabilidad como la de la cinta, es necesario algo más que la materia que está dormida en los libros, es necesario involucrarse con los estudiantes, penetrar en su sistema de representaciones, escuchar y escuchar, compartir sus necesidades, caminar con ellos por las calles de sus barrios, hacerlos reconocerse, hacer que miren en lo profundo de su ser, que observen de manera crítica su realidad. Ese paso trascendental establece la profunda diferencia entre un profesor que mira su trabajo en perspectiva y le otorga a la educación una carga poderosa de movilidad social y aquellos que sólo hacen su trabajo.

La maestra Grunell, a través de sencillos y concretos juegos, hará que sus estudiantes vean no a través de sus diferencias, que ellos marcaban hasta el cansancio, sino a través de los elementos comunes a toda vida de pobreza. En ese sentido les otorgará una perspectiva de grupo que nunca antes habían tenido. Las diferencias exteriores (color de ojos, de piel, origen racial) se anulaban en las similitudes de lo cotidiano, en la violencia que todos padecían a diario, en la pobreza y sus consecuencias, en la marginación compartida en aquella bendita tierra de la leche y la miel. El hilo conductor que atraviesa toda la cinta está determinado por una comparación respecto de los horrores provocados por la ”pandilla” de los nazis y su propia vida de pandilleros, por la lectura de “El diario de Ana Frank” y por su propio trabajo de escritura en cuadernos que la profesora les regala para que narren lo que se les ocurra. La experiencia resulta ser todo un éxito, tanto que se extrapola al aula, creando la profesora y sus estudiantes una Fundación, con el objeto de dar a conocer el método pedagógico que la profesora implementó con sus estudiantes.

FICHA TECNICA DE LA CINTA

NOMBRE: Freedom Writers. Diarios de la Calle o Escritores de la Libertad
DIRECCION: Richard LaGravenese
AÑO: 2007
GUIÓN: Richard LaGravenese; basado en el libro “The Freedom writers diary” de Freedom Writers y Erin Grunell
PRODUCCIÓN: Stacey Sher, Danny de Vito y Michael Shamberg
FOTOGRAFÍA: Jim Denault
MÚSICA: Mark Isham
MONTAJE: David Moritz
DISEÑO DE PRODUCCIÓN: Laurence Bennett
VESTUARIO: Cindy Evans
INTERPRETES: Hilary Swank (Erin Gruwell), Patrick Dempsey (Scott Casey), Scott Glenn (Steve Gruwell), Imelda Staunton (Margaret Campbell), April Lee Hernandez (Eva)

VIDEO ESCRITORES DE LA LIBERTAD 1


VIDEO ESCRITORES DE LA LIBERTAD 2



MÁS INFORMACIÓN RESPECTO DEL PROYECTO

http://miheroe.org/hero.asp?hero=Erin_Gruwell
http://www.scribd.com/doc/16466936/Los-Escritores-de-La-Libertad