Porque escribir

…“Rinaldo, Rinaldo te estamos esperando, ahora vamos a hacer un tema de Rinaldo, poné más agudo esto”… “Hola, hola, hola, parezco un político. No se escucha parece…Bueno, este, yo voy a hacer un tema que se llama La Niña… Esteeee… La niña es, …esteee… es muy dulce, muy mansa… ¡Que pasa!, ¡que pasa!, hola, hola. Bueno,… escucha la letra porque yo, esteeee, mejor cuando se escribe que cuando se habla... Y después queda, ¡viste!....”

Rinaldo Rafanelli, en concierto de despedida Sui Generis 1975

martes, 16 de noviembre de 2010

COSAS DEL FÚTBOL 1 DE 3

Este texto, extracto de otro mayor, fue escrito en el año 2002 y se hizo pensando la vida que a algunos nos toco vivir algunos años antes, en la triste década de los 80, es decir, hace casi 30 años atrás. Lo saco a relucir ahora, hoy, debido a mi absoluto desapego actual por aquel amor que fui alimentando desde niño "por las cosas del fútbol", desapego que no tiene más de dos semanas, desapego derivado por el triunfo, una vez más, de la ganancia y el lucro, por sobre la honestidad y la entereza moral, del reino de los poderosos por sobre la hinchada inconsciente, de los mismos pocos de siempre en desmedro de los mismos muchos de siempre. Este texto tiene 3 actos, el primero y el segundo obedecen a aquel período de recuerdos de la niñez. El tercero es tan sólo una despedida cargada de rabia y nostalgia

"...El estadio rugía completamente abarrotado de hinchas en el partido clásico de los clásicos: “Colo-Colo versus Universidad de Chile”, algo así como aztecas contra zapotecas o españoles contra mapuches o blancos contra azules o el día contra la noche, el bien contra el mal, las fuerzas todopoderosas de la libertad avanzando irremediablemente y destruyendo todos los cimientos aberrantes de la vieja y tradicional dictadura oligarca y parlamentaria de principios de siglo. La oposición y la permanente lucha de los contrarios encarnada en un partido de fútbol. La síntesis de la constante lucha, del cotidiano bregar del ser humano entre sus fuerzas antagónicas, entre su naturaleza animal y su espíritu creador dándose duro en el campo de batalla de un verdor refrescante.

Era un verdadero placer ir al estadio con el papá. Recuerdo que ese era uno de los recursos de los cuales tengo más gratos recuerdos de su aporte a mi crecimiento intelectual. El Estadio Nacional es una inmensa construcción elevada y oval y en mi época de niñez era un monstruo tremendo y perfecto, el cual rugía cada vez que un equipo salía a la cancha, era un gigante de concreto que temblaba con el movimiento nervioso de miles de pies que vitoreaban a su equipo favorito y desplegaban las banderas con los colores de sus eternos y aguerridos amores. Una vez que sorteábamos la primera barrera entrábamos con mi viejo casi corriendo para llegar luego a la ubicación de un lugar estratégico que siempre resultaba estar detrás de la banderilla ubicada en la esquina noreste de la galería Andes. Nunca cambiamos de posición para saber siquiera que se sentía mirar las cosas desde otra perspectiva, mi padre no lo permitía y punto, esa era su esquina para presenciar el partido. Nunca vimos un encuentro de fútbol en otra ubicación y debo decir que desde nuestra tradicional ubicación era visible toda la cancha, las rejas estaban mucho más debajo de nosotros que nos ubicábamos a mitad de camino entre lo más bajo y lo más alto. Todo un estratega para las ubicaciones era mi viejo.

Una vez que sorteábamos la primera valla en la cual nos pedían los boletos, caminábamos un largo trecho y yo con mi banderita de Colo-Colo al viento del norte que anunciaba la próxima lluvia. Sólo nos quedaba la última revisión de boleto, a los pies de las escaleras que nos llevarían a las galerías y a nuestra permanente ubicación y yo creo que hasta nos sentábamos en los mismos asientos si es alguien no nos ganaba el puesto, por eso mi viejo corría y yo iba detrás de él marcando el paso, respirando el intenso aroma de la aventura, observando los rostros de las personas y sus banderas y sus expresiones de alegría por estar a punto de formar parte de algo trascendente e inexplicable. Algo sucedería en el transcurso del partido que cambiaría la vida de todas las personas, algo misterioso y bello que a nadie dejaría con la misma actitud frente a las cosas, al menos eso es lo que yo imaginaba mientras comenzábamos a subir las largas y cansadoras escaleras, en medio de un gentío que murmuraba y las frías paredes, que contrastaban con el calor reinante, generaban un eco como de catedral y era un gran rezo simbólico el que salía de las gargantas de los miles y miles que junto a nosotros marchaban en esa procesión de día festivo y carnavalesco, y era un canto de amor el que se descolgaba del frío y oscuro concreto que nos rodeaba y que poco a poco, a medida que nuestros pasos ganaban más y más escalones, a medida que el rumor se tornaba más intenso y abierto como si cambiara la dimensión a rumor estéreo, se tornaba más claro y más diáfano hasta romper en nuestra mirada con un temblor de verde claro precioso que abarcaba toda nuestra vista y que generaba una sensación confusa en mis ojos que ya se estaban acostumbrando a la semi penumbra de la subida.

Y era como si de pronto el verde del pasto se transformase en el color oficial de mi mirada y todo lo observaba verde, como cuando jugaba en el colegio poniéndome una regla verde delante de los ojos como si fuera mis anteojos, y todo era verde, el cielo azul que bañaba de calor toda la extensión abierta de esta gigantesca elipse elevada al cielo transparente de Noviembre era tan sólo un producto endiablado de mi curiosa imaginación daltónica, el cielo era de un verde intenso y lo mismo la marquesina del estadio y los asientos de los socios preferenciales bajo la marquesina y del mismo modo el tablero electrónico que marcaba los goles de uno o de otro equipo y la ropa de la gente también era verde, pero este verde presentaba un sinfín de tonalidades y mis manos eran de un verdor hoja de árbol y las manos de mi padre eran de un verdor pasto que no ha sido regado en al menos un par de días y las manos de nuestro vecino más próximo eran verde manzana y su fragancia llegaba hasta mi nariz abriéndome el apetito.

Y así el estadio nos saludaba y con él los millares de personas solitarias, con sus amigos, familias y quien sabe quien diablos más, que se ubicaban en sus puestos estratégicos, al igual que nosotros, a la espera de la hora señalada para el duelo y yo me imaginaba el circo romano con sus carreras de caballos y sus luchas cruentas en las que no siempre ganaba el jovencito de la película y a decir verdad este jovencito en la mayoría de los casos no era y no era en lo absoluto el hombre más bueno ni el más noble; en el mejor de los casos era el más astuto, el más ladino, a excepción de Espartaco, el esclavo libertario encarnado en las retinas decadentes y superficiales del mundillo Holliwoodense por Kirt Douglas hace un montón de años atrás, probablemente no en los tiempos de la caza de brujas o de la Liga Norteamericana Contra el Demonio Comunista y esas cosas por el estilo que aún nos sacuden de tanto en tanto.

El público estaba divirtiéndose con los espectáculos que surgían de tanto en tanto de las galerías, la mitad del estadio le pertenecía a los hinchas de la U y la otra mitad era administrada por los barristas de Colo-Colo. En aquellos lejanos días aún no surgía ninguna de las dos barras bravas de los equipos rivales e ir al estadio era, entonces, una ceremonia familiar tan tranquila como un paseo al Parque Forestal o al cerro Santa Lucía el día domingo y daba realmente gusto ver a otros tipos con sus esposas y el tropel de niños corriendo de un lado para otro de las galerías en un ambiente de fiesta que a uno lo contagiaba y todos reíamos cuando desde un grupo salía un peluche con la forma de un chuncho deformado y lo tiraban de un lado para el otro de la galería y todo el mundo quería atrapar a aquel trofeo tan sólo para ser el encargado de lanzarlo una vez más a cualquier parte del amplio entorno. Del lado de la Universidad de Chile también surgían monigotes con la forma de un desmedrado indio, con pluma y todo como el estereotipo del indígena norteamericano y todos del otro lado de la valla reían y gritaban insultos contra el pelele que finalmente era destrozado por la multitud y cambiado en breve por otro y otro.

Yo me sentaba en mi asiento y comenzaba a leer alguna cosita que andaba trayendo, nunca me faltó lectura en aquellos días y por último estaban los libros que me facilitaban en el colegio, o mi interesante colección de trozos de papel recolectados en la calle. Y así dejaba que transcurrieran las horas, pues por lo general llegábamos al estadio con al menos unas tres horas de anticipación, ya que había que asegurar los puestos de costumbre a como diera lugar.

El sol avanzaba sin ninguna prisa sobre nuestras cabezas y el calor se tornaba inclemente. No había donde guarecerse de la poderosa influencia del padre luminoso y los vendedores de viseras no daban abasto para tanta demanda. Evidentemente mi padre me compró una visera con los dibujos corporativos de Colo-Colo que si bien es cierto era mi equipo favorito, tampoco me mataba de pasión la idea de tanto sacrificio por un partido de fútbol. Todo lo que rodeaba al partido en sí era lo que me fascinaba, los gritos y los cantos de las barras, las rutinas de los vendedores de confites o bebidas o calendarios o cintos, en fin, todo un universo económico girando en torno a un partido de fútbol, sin dejar de mencionar a los vendedores de sanguches de potito y de palta con jamón, toda una institución en las lides disputadas en el histórico Estadio Nacional. Me entretenía sobremanera ver como cada barra le buscaba el odio a la otra y como los gritos a veces aumentaban de tono y si no fuera por las rejas que separaban uno y otro bando la batalla hubiese comenzado en forma inminente, como con el transcurso de los años sucedió, pese a las mismas rejas.

Allí la gente liberaba todas sus tensiones, con el transcurso de los años y a medida que fui descubriendo nuevas realidades y ampliando mi conocimiento de las cosas pude entender muchas de las actitudes de quienes iban al estadio, de cómo se transformaban y lloraban de pasión viendo las piruetas de su equipo favorito y una vez más volví a entender la lógica del pan y del circo que los romanos supieron aplicar muy bien a los pueblos dominados por el imperio y a su propio pueblo en el cual corría también la sangre producto de las ambiciones de poder de unos pocos.

Este era el circo moderno, aquí todos olvidábamos nuestras miserables vidas y por un buen rato soltábamos todas las tensiones posibles y vivíamos la tragedia de otros que corrían en torno a una pelota, pero también en su juego era posible vislumbrar la tragedia de todo un país sumido en el oscuro terror de detenciones arbitrarias y desaparecidos. El estadio estaba repleto pero no estaban todos lo que debían estar, nadie notaba la falta de los ausentes, tan sólo algunos pocos iluminados cuyos corazones se estremecían de dolor, de aquel dolor que sufrieron los que ya no estaban y que se fue con ellos el día que sus corazones dejaron de latir teniendo tanta vida aún por delante.

Yo, por cierto, vivía mi propio circo en el estadio. Los espacios libres cada vez eran menos y la gente se distendía a ratos, generando espacios de silencio en medio de tanta algarabía. Yo jugaba a identificar esos espacios de silencio, que a ratos se prolongaban durante varios minutos, los precisos como para realizar una audaz incursión al baño ubicado en el interior del estadio, los precisos como para arremeter contra los locales de ventas de refrigerios en busca de mis tesoros favoritos por aquellos días. El papá demoraba varios minutos en acceder a mis deseos, fundamentalmente por el temor frente a la posibilidad de un extravío por mi parte, el me conocía muy bien, al menos eso creía él, sabía lo despistado que podía ser y no quería arriesgarse a perderse el partido por tener que andar buscándome a mí, así es que no, era mejor aguantarse hasta el entretiempo. Considerando que para que comenzara el partido aún faltaba poco más de una hora y sumándole los 45 minutos de rigor que equivalían al desarrollo del primer tiempo, siempre y cuando ninguna situación anormal retrasara la finalización de esa primera parte, la larga espera se tornaría realmente insoportable y entonces de verdad la angustia de tanto tiempo de espera se conectaba con mis esfínteres y surgía real y urgente la necesidad de ir prontamente al baño y yo arremetía una vez más con mis fríos argumentos para vencer la terca oposición de mi viejo, mi querido viejo. Al final de cuentas y muy a regañadientes el papá accedía a mi petición pero me colmaba de indicaciones en torno a mi partida y regreso con lo cual y para siempre yo pude configurar una suerte de “Manual Indicatorio Para Casos de Salidas y Regresos en Lugares Densamente Poblados”. La pillería consistía fundamentalmente en visualizar algunos puntos en particular que me servirían de referencia para la hora de mi regreso. Alguna reja con una extraña conformación, algún poste pintado de un color especial, alguna persona sobresaliente, una puerta, la dirección del sol con respecto a mi hombro izquierdo o derecho, etc.

Después de todo ya me encontraba camino de mis tesoros y se me dificultó un poco salir hacia los baños pues el estadio seguía nutriéndose de personas que llegaban y llegaban en un caudal incontenible. Nadie quería perderse el espectáculo deportivo de la semana. Nadie más que yo corría al baño y luego salía con la misma premura de él, para saltar por sobre los puestos de venta y recoger con la mejor de las delicadezas todas las tapitas que pudieran albergar mis bolsillos, y no importaba el color y no importaba su forma y no importaba nada de nada, salvo que estas estuvieran bien destapadas, es decir que no hubiesen perdido su fisonomía tan cultural de tapas de bebidas. Alguna gente aplicaba y debido tal vez a la premura, tal fuerza a los destapadores que prácticamente doblaban las tapas hasta enrollarlas en una masa amorfa que no era de mi predilección. Coleccionista de tapas era, pero uno tenía ya en ese entonces sus caprichos...". Fin parte 1 de 3

sábado, 6 de noviembre de 2010

BREVE REFLEXION SOBRE EL UNIVERSO ICONOGRAFICO PRECOLOMBINO

El universo iconográfico precolombino, es decir el caudal de información visual respecto de las culturas existentes o dormidas en nuestro continente hasta la llegada de los conquistadores europeos es, a todas luces, notable. No puedo dejar de sorprenderme frente a tanto despliegue de colorido. Una energía vital vibra en cada imagen vista y ninguna forma o color está realizado al azar. Todo cobra o tiene sentido. Cada color obedece a un contexto determinado, cada forma está conectada con la otra en un proceso simbiótico de mutua dependencia, cada figura tienen su lugar y cobra su propio sentido en un contexto profundo de interrelación.

Hay culturas que resistieron con mayor energía o quizás con mayor suerte el avasallamiento cultural y la fiebre y necesidad de oro y riquezas proveniente de los europeos. El caso inca es emblemático en el sentido contrario, pues al no contar con un sistema de escritura complejo y masivo todo el peso de la transmisión de información, de la continuidad de los rituales, de la asimilación cultural por parte de las nuevas generaciones, estaba determinado, en gran medida, por el universo visual que en los Andes Centrales ya contaba con varias generaciones de desarrollo creativo anterior a los incas y con culturas que se desarrollaron con gran pujanza, tuvieron su período de esplendor y luego fueron absorbidas por el desierto o por la última gran cultura dominante, la incaica.

Los Incas tuvieron el infortunio de ser el último imperio precolombino en la zona de los Andes Centrales. Sus ciudades fueron totalmente desvalijadas, arrasadas y convertidas en barras de oro sus riquezas, sus monumentos de piedra destruidos, su numerosa iconografía arrasada y su gente sometida, vejada, privada de sus derechos, incorporada a la fuerza a una nueva cultura hegemónica, totalmente ajena a los hijos del Tahuantinsuyo, con otro lejano idioma, una religión que hablaba de un solo dios y hombres, que en su santo nombre, eran capaces de cometer las peores aberraciones que la mente humana era capaz de imaginar en la época. Los incas tuvieron la mala fortuna de ser los últimos, y sus hijos sobrevivientes aún esperan el retorno de Viracocha, para que rearticule una vez más el orden cósmico y corrija las cosas, y devuelva la dignidad perdida en la noche de la historia y reparta los frutos de la madre tierra para todos por igual y a cada cual según sus necesidades.

Mejor suerte corrieron algunos de sus antecesores (Mochicas, Paracas, Huari, Tiahuanaco, Chachapoyas, etc.) ellos contaron con un aliado que guardó alguno de sus secretos: el desierto, la arena calcinante, los inaccesibles acantilados. La ininterrumpida acción de los huaqueros que hasta el día de hoy buscan y saquean tumbas para nutrir el mercado negro de joyas y productos originarios, no ha podido ocultar la enorme cantidad de objetos, momias, cerámica y telares encontrados en algunos sitios arqueológicos. Gracias a estos hallazgos contemporáneos algo podemos saber, algo podemos observar de la grandiosidad de nuestros abuelos culturales, de nuestros predecesores y en algo podemos imaginar lo que hemos perdido como culturas americanas a lo largo de estos siglos de colonialismo.

UN DIA CUALQUIERA

Los jóvenes de la cárcel tienen un idioma propio, una cultura, una forma de ser y de estar, una particular cadencia de frágil estabilidad entre el silencio sagrado y el golpe lanzado de súbito, con inusual violencia. Hoy ha sido un día extraño. Todo parecía el presagio de una tormenta, los treiles cantaban como si oyesen la cercanía del húmedo vendaval, el aire se respiraba cargado de malos presagios, había una inusual tensión en el ambiente y el calor pesado de noviembre cansaba nuestros pasos y tornaba pesado nuestros cuerpos más allá de lo necesario. El sueño habitaba el paisaje y cualquiera hubiese dado lo impensable por estar en otro sitio, pero aquí estábamos.

En casa 2 no es que hayan comenzado los problemas, pero ahí se dio la cosa. Era la clase de la profesora de inglés, una joven muchacha egresada hace muy poco tiempo. De a poco comenzó un ruido, una molestia sin sentido, un cantar a todo pulmón y comenzar a subir el tono de las palabras hasta llegar directamente a las groserías. La profesora se sintió atacada y pidió apoyo a los profesores de trato directo. Se separó a un grupo de 6 jóvenes del total de aproximadamente 30, los precisos, los más bulliciosos, los que habían iniciado el altercado y tras la irrupción de gendarmería se los llevó a la casa 5, que resulta ser la casa de castigos. Hasta ese momento todo parecía explicar un hecho corriente: jóvenes que se sintieron con la libertad de faltar el respeto a su profesora y debido a eso fueron castigados ejemplarmente siendo confinados a casa 5, en fin, sólo bastaba abrazarnos y felicitarnos por la buena labor realizada. La verdad estaba lejos de aquellos peregrinos intereses míos.
Algo que aprendí pronto en CIP – CRC San Bernardo es que la información circula a través de 2 canales, uno formal y otro informal. El formal es lento, pausado, se toma su tiempo y sigue obedientemente el conducto regular. El otro, el informal, tiene a su vez, dos variantes, una variante que hace circular la información a través de los educadores a nivel de comentario mal o bien pensado y otra que es propia de los jóvenes, los que tienen sus propios canales de circulación informativa. Ese último modelo es el más eficiente, delicado y altamente peligroso. Todo se sabe en CIP – CRC San Bernardo. Con una rapidez asombrosa los jóvenes de todas las casas se enteran de recién llegados, de castigos, de allanamientos, de descubrimientos de celulares, de golpeados, de alguno que habló más de la cuenta, de deudas pendientes, de pago de protecciones no realizadas, de venganzas y nuevos líderes, de prontos beneficios, etc. y etc.

Hay una soterrada y a veces evidente repartición del poder en cada casa. Hay jerarquías, intocables, perkins (aunque ese concepto ya no se usa y es reemplazado por el de “perro”, “este es mi perro”), soldados, armeros (encargados de buscar y recopilar todo lo que pueda convertirse en un arma), protegidos de los jefes (los que generalmente manejan dinero y pueden pagar por protección), abusados (de todo tipo) y otro etc. Lo que la mayoría aprende de inmediato es que debe someterse a un grupo, debe buscar una pertenencia y deberle culto a esa pertenencia grupal. Dependiendo del rol que la haya sido asignado debe actuar en concordancia con ese rol, ¡¡Ay del que se niegue o se torne rebelde!!, las palizas son de antología, según lo que hemos podido recabar. Detrás de las clases que a diario intentamos desarrollar se esconde un mundo cargado de simbolismos y a veces resultamos ser meros objetos de decoración de un entramado que algunos de nosotros no terminamos jamás de entender, como fue el caso de esta tarde.

Casa 5 es, por lo general, el lugar de reunión de toda la información. Desde ahí se mueve, cobra vida propia, se multiplica a través de un intrincado sistema de señales y códigos. Muchas de las palizas y semi linchamientos ocurridos, se han fraguado aquí o se han llevado a cabo en este lugar. El caso es que hace pocos días llegó a esta casa un joven acusado por otros de haber hablado más de la cuenta, de haber “sapeado”, en estricto rigor. Para las leyes soterradas de los muchachos presos no hay acción más deleznable que esta. Si alguno es vulnerado en sus derechos y es golpeado por sus compañeros de encierro, debe ser HOMBRE y callar, dar nombres es autosentenciarse, perder de súbito los pocos privilegios obtenidos, perder amigos, protección, un grupo de apoyo, es caer en la vulnerabilidad total, es perderse y pocos están dispuestos a vivir en esa situación. Todos o casi todos callan, todos aceptan, todos entienden que esa es LA FORMA en que se resuelven las cosas. Este muchacho, al parecer, habría transgredido este principio de vida y ya había sido golpeado duramente por ello… pero faltaba más. La idea ahora era “marcarlo”, convertirlo en un chivo expiatorio, en un ejemplo a ojos de los demás de que las leyes sagradas se respetan con la razón o con la fuerza. La marca debía ser en su cara, es decir, debían cortarlo y ese corte todos lo verían, hasta la posteridad, los de ahora y los de siempre, la intención era dejar en él una huella imborrable. Maquiavelo quedó irremediablemente corto.

Como los compañeros de casa del muchacho, que lo habían sentenciado, no querían quemarse siendo ellos mismos el largo brazo de la ley, aplicaron otro principio básico, heredado de la vieja y mítica organización obrera: a saber, la ayuda mutua. Los padres fundadores del movimiento obrero crearon prontamente Sociedades de Resistencia para hacer frente al avasallamiento patronal y generar espacios de profunda solidaridad de clase, empleando también, en algunos casos, la violencia obrera para frenar la violencia de los poderosos. En el pos moderno caso que nos convoca, los principios rectores son otros y evidentemente el fin último de la respuesta no es ni mucho menos la transformación de la sociedad de clases a una sociedad de hombres libres. Aquí sólo era venganza y un cierto argumento fascista de que el orden impuesto por los poderosos no se altera pues el que lo intente sufre las consecuencias. La antítesis total de nuestros abuelos…

El caso es que, usando este corredor inasible de información se contactaron los muchachos con los de otras casas y validaron su argumento a través quien sabe de qué, pero seguramente apelando a favores recíprocos, algo así como hoy por mí y mañana ya veremos. La profesora de inglés sin querer ni saber, fue víctima de este entramado subterráneo, pues el grupo de muchachos necesitaba un serio argumento para irse a casa 5 a “cobrar”. La falta de respeto fue el leit motiv que los llevó directamente a su presa y por querer hacer lo correcto se hizo el designio de los jóvenes que mueven los hilos del poder interno en el Centro. Valga mi mínimo reconocimiento por ello. ¿Cuántas veces ha sucedido?, ¿Pasará a diario?, ¿Qué otras situaciones más complejas aún pasarán cotidianamente frente a nuestras narices? Como para pensar que la realidad carcelaria es un universo del que se ha descubierto tan sólo una mínima parte. Cómo esto sucedió tan sólo hoy día es de esperar que el joven haya recibido la adecuada protección por parte de los profesores de casa 5. Mañana ya veremos… mañana.

viernes, 5 de noviembre de 2010

DISCURSO DE NIBALDO MOSCIATTI AL RECIBIR EL PREMIO EMBOTELLADORA ANDINA 2010

Les dejo este texto que me llegó hace un tiempo y es la transcripción literal de un discurso que realizó el periodista de Radio Bío - Bío Nibaldo Mosciatti, a raíz de haber recibido el premio Periodismo Embotelladora Andina 2010, de parte, precisamente de la Embotelladora Andina, quien cuenta con la franquicia para vender los productos de la The Coca Coca Company en nuestro país, lo que no es poco decir, como quien dice, la encarnación misma del poder económico en Chile y, por cierto, una de las empresas más importantes en el contexto latinoamericano por ese mismo hecho. Habrá que imaginarse el escozor de las autoridades y de los directivos de la empresa presentes en la premiación del periodista al ir masticando cada una de sus palabras. Se las dejo para el análisis.

"Como el orden de los factores SÍ altera el producto, este discurso comienza así: ¡Familia!, Constanza y retoños, amigas y amigos, queridos auditores, añorados lectores, circunstanciales televidentes, jurado del premio, embotelladora del premio (siempre hay que ser bien educado), autoridades varias y vagas; autoridades en la vaguedad. O sea, en la distancia. Amablemente.
Este texto consta de tres partes. A saber: agradecimientos, reflexiones sobre el oficio y, finalmente, piloto para un espacio de radio de trasnoche. Vamos, pues…
1.- Agradecimientos:
Quiero agradecer a mis maestros. A los que, primero, me enseñaron. Quiero agradecer a mis padres. El rigor de la Loli y la fantasía de Pocho. La perseverancia y pasión de ambos. El aprendizaje de ver pasar el río, de plantar algunos árboles. El vivir la vida sin ambición por el dinero, ni ínfulas sociales.
En este oficio de periodista quisiera haber heredado una pizca del talento, la sensibilidad y la rebeldía de mi padre. Sin esas cualidades, el periodismo se convierte en otra cosa: en una simple reproducción de discursos, en un engranaje más de las máquinas de los poderes y los poderosos, en esa cosa amorfa, triste, gelatinosa, y, a veces, ruin y malvada, que son las relaciones públicas o todo tipo de comunicación que está al servicio de unos pocos en detrimento de la mayoría anónima.
Quiero agradecer, andando ya el camino, a algunos profesores. De mi colegio: Lamiral, Varela, Tolosa, Fierro, Boutigieg, Pilon, Biancard. La añoranza de ese espacio de libertad cuando la libertad escaseaba.
Y de la Universidad… allí, en verdad, gracias a pocos. Es más, si hablo largo terminaría a los garabatos y repudiando a muchos de esa Universidad Católica, la UC de aquella época, puta prístina de la dictadura, con sus sapos, sus silencios cómplices, sus injusticias mofletudamente bendecidas, bendecidas por sus monseñores y sus autoridades venenosas que no se arrugaban en tolerar, avalar y alentar la brutalidad para preservar el orden, que era un orden chiquitito, orden sólo de ellos.
Doble mérito entonces para mis profesores de la Universidad a los que agradezco: Juan Domingo Marinello, Cacho Ortiz, Gustavo Martínez y los Óscares: Saavedra y el RIP González, lo que no es maldad, porque todos nos vamos a morir. Así es que RIP nomás.
Y, en el oficio, más gracias. Gracias a algunos que me apuntalaron, mostrándome matices de dignidad: Salvador Schwartzmann, Jaime Moreno Laval, Mario Gómez López, Gabriela Tesmer.
Los otros, los amigos que me enseñaron y que, por sobre todo, quiero: Andrés Braithwaite, el mejor editor de prensa escrita que haya conocido nunca; Pancho Mouat; los laberintos del pensamiento de Ajens; Pablo Azócar y el filo de su pluma; Rafael Otano y su erudición que te obliga a ubicarte donde siempre debe ubicarse un periodista, que es en la ignorancia; y Patricio Bañados, que me ha mostrado el valor de las convicciones y la decencia que debería imperar en este medio. Pero ustedes lo saben: NO impera.
En cuanto al premio mismo, gracias al premio, que permite esta convocatoria. Así veo a gente que quiero. Premio gracioso y gaseoso. Tan gracioso que creí que era pitanza. Premio de fantasía y bebestible, para mí, que me ufano de haberme criado bebiendo agua de un pozo alimentado por una napa subterránea que desciende al río Bío Bío desde la cordillera de Nahuelbuta. Agua pura.
Gracias, entonces, al jurado que me eligió. Gracias sinceras porque, por lo demás, no he postulado a premio alguno, lo que me indica que mi nombre les salió del corazón. O de la razón, lo que no sé si es mejor o peor, todavía.
Y gracias a la empresa que da el premio. Premiar periodistas es labor samaritana. Mejor que el Hogar de Cristo o la Teletón, en la medida en que no se convoque, paradójicamente, a la prensa.
Sugiero a la embotelladora que también se incluya, en galardones paralelos, a zapateros remendones, desmontadores de neumáticos en vulcanizaciones, panaderos, imprenteros, empastadores de libros, ebanistas y expertos en injertos de árboles frutales, para que se consolide la idea de que lo que se premia es el ejercicio de un oficio, el día a día de las letras, y no la ruma de certificados, con sus timbres y estampillas, ni la galería de cargos, ni, menos todavía, la trenza de contactos, pitutos, militancias, genuflexiones (para no usar imágenes obscenas) favores y deudas. Así debiera ser.
En suma, muchas gracias. Gracias por mí, pero también gracias por La Radio. Este premio es, en gran parte, mayoritaria parte -seamos sinceros-, un premio a Radio Bío Bío. Un premio a un proyecto que nació en 1958, en Lota, con radio El Carbón. Un proyecto que mi padre no sólo ideó, parió, construyó, afianzó y encauzó, sino que es un proyecto que sigue siendo fiel –y esperamos no tropezar nunca en ello– a lo que mi padre quiso. Eso es lo que más se merece un premio: la idea de un medio de comunicación al servicio de la gente, sin cálculos, sin ideas de trampolín para lanzarse a otra piscina. Señoras y señoras, muchas gracias.
2.- Reflexiones sobre el oficio:
Lo primero es que trataré de evitar, probablemente, sin éxito, el peligro de todo discurso, que es terminar pontificando. Imagínense: yo de pontífice. Pondría mis condiciones eso sí: fin al celibato y, por supuesto, me negaría a usar esas polleras que usan los pontífices. Báculo sí usaría: más de alguno con que me cruzo merece un garrotazo, y los báculos papales y obispales, a veces pesados con tanto oro, deben ser buenísimos para tal efecto.
Bien, no nos desviemos, aunque el tema provoque curiosidad malsana.
Entonces: evitar pontificar. Porque el periodismo debiera estar lo más lejos posible de los pontífices: los de las religiones, la política, los negocios, la banca, el capital, la revolución, la involución, las dietas, las verdades reveladas, las ideologías, la numerología y tantos etcéteras. O sea, lejos de las certezas. El periodismo sólo se sostiene en su falta de certidumbres, en la duda permanente, en el escepticismo, en la incredulidad.
Vivir poniendo en duda todo puede, es cierto, generar angustia. Pero si no se busca el poder, la certeza mayor que te da el poder y, por consiguiente, la posibilidad del abuso –porque eso es el poder: la posibilidad de abusar–; si no se busca esa certeza, se puede vivir de lo más bien.
¿Cómo vivir en el ejercicio de la duda? Aventuro una respuesta: haciéndolo desde la sensibilidad. Sensibilidad para entender al otro. Hacer el ejercicio de despojarse de lo propio –las ideas, los odios, las fijaciones– para intentar reconocer, conocer, entender lo ajeno.
Hay, al menos, dos periodismos. Voy a dejar fuera a esa manga de serviles que, por opción (libero de culpa a los que no tuvieron alternativa), fueron útiles plumíferos de la dictadura. Siempre he sostenido que en dictadura, hacer periodismo es hacer oposición. Si yo pretendiera hacer periodismo en China, hoy, sería agente opositor (y qué bueno que el Premio Nobel de la Paz se haya otorgado a un disidente chino).
Bueno, dejando de lado esto, repito que hay, al menos, dos periodismos: Uno, el que le habla a la gente, porque piensa en la gente y siente que está al servicio de ella. Otro, el periodismo que le habla a los poderes, porque vive en ese rincón restringido y cálido –pero nunca gratis– que los poderes guardan a ese periodismo. Es un rincón un poco humillante, como esas casuchas para los perros guardianes, que te guarece de la lluvia pero que incuba pulgas y garrapatas, pero allí nunca falta el tacho con comida. Sabe mal, pero alimenta. Y, en general, engorda.
Lo que entiendo por periodismo es lo primero: el periodismo es un ejercicio de antipoder. Repartir, difundir, democratizar la información que, si es tenida en reserva por unos pocos, constituye poder. ¿No les suena acaso la figura de “uso de información privilegiada”?
Mi convicción, entonces: lejos de los poderes, que el poder corrompe. Y a más poder o más dinero, más corrupción.
De lo mucho que le debo a mis lecturas –en rigor no he hecho más que repetir cosas que he considerado inteligentes y por otros dichas–, le debo a Albert Camus la mejor definición de patriotismo. Si la bandada de sujetos vociferantes que se dicen patriotas se aproximara a esa definición, algo de eso que se sueña como humanismo sería factible. Escribió Camus, a propósito de la resistencia francesa a la ocupación nazi:
“Fue asombroso que muchos hombres que entraron en la resistencia no fueran patriotas de profesión. Pero el patriotismo, en primer lugar, no es una profesión. Es una manera de amar a la patria que consiste en no quererla injusta y en decírselo”.
Uno podría cambiar el término patria por humanidad y patriotismo por humanismo. Y uno podría considerar que ese ejercicio de humanismo es el buen periodismo.
Para no subirse por el chorro, una advertencia: muchos periodistas estaban o están convencidos que el periodismo es la palanca o instrumento para generar un cambio social. Nica. O sea, no. Quienes piensan así exhiben, quizás sin darse cuenta, una arrogancia y un mesianismo temible. Allí no hay duda, ni cuestionamiento. Los cambios los hacen los pueblos, no el periodismo. Tratemos –termino igual como empecé–, tratemos de no pontificar.
3.- Piloto para un espacio radial en el trasnoche. ¡Invito a que me acompañe (en saxo) Nano González!
¿Por qué te premian? ¿Porque ya eres suficientemente viejo? ¿Por qué ya lo que dices son puras boludeces y tus dichos perdieron filo, agudeza, desparpajo, y te repites como un viejo gagá que no dice nada nuevo ni nada que escandalice? ¿Por eso te premian, porque la lengua te la comieron los ratones? O, mejor dicho, ¿porque tu lengua se pudrió, de desprendió, añeja, agria, inútil?
Sobrevuelas un pedazo de tierra, hermoso por lo demás (bueno, hermoso en lo que va quedando de hermoso, porque lo otro ya lo arrasaron) y te dicen: mira, esa es tu Patria. ¿Qué es eso? ¿Una Patria, La Patria, tu Patria? ¿Para despedazarla y repartirla? ¿Para prohibirla, censurarla, amordazarla? Será mejor, entonces, no tener Patria, y ahorrarnos uniformes, paradas militares, desfiles, aniversarios, profesionales ociosos de la guerra. No, no, no; mejor así: que los militares sigan siendo ociosos y que no ejerzan su trabajo. Digo: no a la guerra. Y agrego: mar para Bolivia, y con soberanía.
En cada uno de nosotros habita ese lobo que ve a los otros como ovejas, y quiere devorárselas. Pero no nos engañemos, los lobos son los lobos de siempre. Se les reconoce por el hedor que van dejando sus meados. No trates de domesticar al lobo. Sácale lustre, aliméntalo con carne cruda y no lo retengas cuando llegue la hora de las dentelladas. ¿Se acuerdan de ese coro, auténtico, maravilloso, porque ponía en duda el orden que es, como todo orden, en el fondo, una prisión? El coro decía: ¡va a quedar la cagada, va a quedar la cagada, va a quedar la cagada…!
Nosotros, asesinos. Esa cualidad última es la que se promueve. No veas al otro como un socio, olvídate del concepto de prójimo (salvo cuando vayas a ese teatro vacío que se llama iglesia). Gánate un espacio, desplazando a otro. Es una lógica asesina. Bienvenidos al carrusel de los depredadores. Nuestro futuro está escrito: feliz regreso al canibalismo.
¿Dónde están los que no están? Bueno, yo lo sé, porque así lo siento: en ningún lado, por algo no están. Chau, listo, se acabó… Pero están. En nuestros recuerdos, en la memoria. Me gustaría que estuviera aquí Galo Gómez. Galo Gómez hijo. Romántico y pendenciero, pero tan buen tipo que sus peleas eran pura bondad. Galito, ¿te mataste o te mataron? No, parece que fue la borrachera y el exceso de velocidad. Te mataste, entonces. Te echo de menos.
Luciérnagas en la noche. Bajo los boldos, vuelan encantadas las luciérnagas de mi niñez y juventud. No las vi por años, casi décadas, hasta que una noche reaparecieron. Allí, en la orilla del Bío Bío. ¡Luciérnagas en la noche de nuevo! Como un mensaje que dijera: no todo está perdido, no todo es derrumbe. La sobrevivencia de las luciérnagas como metáfora de la supervivencia de lo hermoso, de los sueños, de que sigan existiendo luciérnagas para los futuros niños.
Y sí… Quisiera volver a ser un niño. Vivir, aunque sin saber, que todas las posibilidades del mundo están abiertas y disponibles para mí. Eso es la niñez: la infinitud de rumbos, la ausencia, por el momento, de condicionamientos, directrices, guías. El primer día de colegio es el primer navajazo a esa infinitud. Quisiera volver a ser un niño, antes del colegio. Niño, niño. Puro horizonte, posibilidades infinitas. Quisiera ser niño. ¡Y sin premio!
Muchas gracias."
http://ciperchile.cl

EL APORTE DE LOS TALLERES PEDAGÓGICOS. UNA MIRADA DESDE LA PEDAGOGÍA SOCIAL

Cuando escuchamos la palabra taller son muchos los adjetivos y definiciones que relacionamos con este concepto, sin embargo, la mayoría de ellas están asociadas a un espacio de trabajo, un lugar en el que se está construyendo, se está creando, se están moviendo herramientas y hay operarios activos desarrollando su labor. Esta definición clásica de taller, devenida de la época final del Medioevo, que lo reconoce como un lugar de encuentro en el trabajo a escala humana, es decir una actividad de relación profunda y estrecha entre el creador o artesano y la obra o el objeto creado me permitirá establecer un camino de comparación respecto de las actividades desarrolladas en los talleres pedagógicos de la actualidad.

En el taller medieval la figura del maestro es la del artesano más experto que tiene a su cargo a un pequeño grupo de artesanos aprendices. El proceso productivo no está centrado directamente en el maestro, pero su labor es vital para articular el pequeño taller; él desarrolla una labor de correa transmisora entre su conocimiento y su manera particular de enfocar el desarrollo del trabajo, heredada de la experiencia, y el conocimiento de sus dirigidos. El taller, en este sentido, es una manera efectiva de acceder a nuevos aprendizajes, a nuevas formas de resolver situaciones, basado fundamentalmente en la actividad cooperativa, en el intercambio fluido de experiencias, en el encuentro a través del lenguaje, experiencias, además, asociadas a un proceso de organización basado en la obra artesanal anterior a la fábrica, a la producción en serie y a lo que Zigmunt Bauman definiría como Modernidad Dura.

El Taller Pedagógico, en este sentido, recoge la perspectiva del trabajo a escala humana pues está centrado en actividades con pequeños grupos de estudiantes, de preferencia no mayor a 15 personas, incluidos los educadores.

HACIA UNA DEFINICIÓN DE TALLER PEDAGÓGICO
El sentido de este breve texto no es establecer una definición conceptual respecto de los talleres pedagógicos, sino más bien establecer una mirada, una reflexión, centrada en la práctica cotidiana, respecto de algunas claves y puntos de fortaleza descubiertos en el HACER cotidiano que es o debiese ser el padre de todas las teorías.

En primer lugar es necesario establecer un hecho evidente: el taller debe estar constituido en torno de un tema. El Taller Pedagógico, a diferencia del espacio tradicional de trabajo en la sala de clases con temas propios de los planes y programas del Ministerio de Educación, está centrado o debiese poner el énfasis en las necesidades de los estudiantes, en sus particulares concepciones de la vida, en su realidad sociocultural. Del mismo modo, al igual que los espacios tradicionales de educación es una instancia eficaz para desarrollar experiencias de aprendizaje, experiencia que se verá fortalecida por la participación activa de los estudiantes. Para que esta última premisa tenga un sentido práctico en la realidad el taller debe considerar algunos aspectos esenciales.

En primer lugar y como ya lo señalaba, el TEMA es fundamental. Las clases tradicionales son imposiciones arbitrarias de una serie de materias que los jóvenes tienen la obligación de considerar para optar a ser aprobados o no, para acceder al siguiente nivel o quedar empantanados hasta nuevo aviso. Una de las dificultades de los profesores de aula respecto de esta situación estriba en la mayor o menor experticia para hacer de las particulares asignaturas y su infinidad de detalles técnicos, algo grato de ser escuchado y algo interesante para ser aprendido. Hay quienes dicen que el aprendizaje no tiene porque ser entretenido, que el profesor no es un payaso que debe hacer reír forzosamente a sus estudiantes para que sientan que la clase es agradable y no una lata espantosa. Estoy de acuerdo con lo último; nuestra misión no es hacer reír a una audiencia deseosa de pasar un momento agradable, nuestra misión es desarrollar espacios de reflexión profunda en nuestros estudiantes y si estos espacios pedagógicos están desarrollados en un ambiente que favorece el diálogo fluido, la libre expresión de ideas, la comodidad y el interés natural por aprender cosas nuevas por sobre la etiqueta o los formalismos, no veo el inconveniente de considerar que los talleres deben estar centrados en una dimensión que ve los procesos de aprendizaje como experiencias placenteras y al educador o profesor como el principal impulsor de un ambiente que promueva el desarrollo de estas experiencias.

El tema es esencial no sólo porque es el eje articulador de la experiencia didáctica, sino también porque es, desde el momento de su elección por parte de los estudiantes, la señal inequívoca de que el proceso de construcción pedagógica está centrado en ellos y sus necesidades de aprendizaje. De inmediato rompemos con la trama de obligatoriedad que le otorga un peso innecesario a los procesos de aprendizaje en el aula tradicional. El taller no es obligatorio, obedece a un proceso de interacción entre las necesidades de dialogar un tema por parte de los educadores y las necesidades por reforzar o incorporar nuevos conocimientos por parte de los estudiantes. El taller no es una imposición, obedece a un acuerdo establecido previo a la concreción práctica del mismo entre los estudiantes y los educadores. Una vez establecida esta primera y fundamental premisa respecto del Taller pedagógico, el segundo elemento a considerar es lo concerniente a LOS ACUERDOS de trabajo. (Que desarrollaré en breve).


lunes, 1 de noviembre de 2010

AL MAESTRO CON CARIÑO

CLAVE: Ingeniero que se hace profesor a la fuerza y descubre su talento
CONTEXTO HISTÓRICO DE LA CINTA
Corre la vertiginosa década de los 60, 10 años que revolucionarían la forma que tenemos de entender el mundo, que le darían sentido a frases como Poder Joven, Revolución de las Flores, Revolución a secas, Libertad, Rebeldía. Los que avanzamos a paso lento por la senda de los 40 años, somos hijos ilustres o tal vez nietos prematuros de aquellos momentos vertiginosos. Nuestros padres se conocieron escuchando las guitarras lúcidas del rock y la fuerza social de la Nueva Canción Chilena, esa música que hablaba de la gente de la tierra, esa gente sencilla que construye los puentes y los altos edificios y produce lo que otros comen en sus pulcras mesas y no figura en la página social de diario alguno y sólo aparece en televisión en la crónica roja de los noticiarios. Así como Chile bullía en un gigantesco despertar social el mundo también se estremecía, el planeta entero vibraba y se sacudían las viejas estructuras de poder.

En ese anterior contexto, en el contexto de la guerra de Vietnam, de los movimientos por la liberación de los países africanos del dominio colonial europeo, de los movimientos guerrilleros en América, de la revolución de las flores en Estados Unidos, del movimiento popular en Chile que llevaría a Salvador Allende a la presidencia el año 1970, de la píldora anticonceptiva que provocaría un destape sexual y traería temas como la liberación de la mujer, de los hippies, de las drogas alucinógenas, de las barricadas en París, de la primavera de Praga, de la lucha por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos y Sudáfrica, de un imperio mundial (el inglés), que comienza a perder su hegemonía en favor de otro imperio mundial (el norteamericano), es que se desarrolla esta cinta y es, precisamente, en Inglaterra donde está ambientada.

RESUMEN DE LA PELÍCULA
Una vez concluida esta sucinta contextualización histórica nos situaremos en el contexto local de la cinta. Son los primeros años de la década de 1960 y un ingeniero de raza negra, al no encontrar trabajo en su área decide incursionar en la pedagogía (esto ya me parece conocido a muchos casos cercanos vistos en CINE PEDAGOGÍA). El hombre en cuestión, de nombre Mark Thackeray (interpretado por Sidney Poitier) acepta el puesto en una escuela pública del Londres obrero, espacio cultural en el que los vecinos, en general, y los estudiantes, en particular, no sólo practican un lenguaje estilo proto cockney, abuelo del punk de los 80, sino también representan el espíritu de la época: rebeldes, contestatarios, groseros, cargados de la rabia proletaria frente a la injusticia del mundo de los poderosos. Thakeray será el blanco (dicho sin asomo de provocar un juego de palabras) de las burlas, de las “emboscadas”, de las humillaciones de sus estudiantes, quienes ven en este forastero a una buena posibilidad para reírse un poco de la autoridad.

Thakeray intentará, a través de métodos tradicionales (llamadas de atención, castigos, amenazas) controlar ese creciente germen de molestia y desgano de sus estudiantes, pero a medida que avanza y fracasa, sólo le queda esperar el milagro de un trabajo “en lo suyo”, es decir un trabajo lo más lejos de una escuela posible. La realidad y la necesidad de sobrevivencia inmediata, sin embargo, lo hace ir lentamente involucrándose en la vida de sus estudiantes y… mis estudiantes ya conocerán el resto del discurso: “dónde un profesor instala las emociones y el afecto como parte de su práctica pedagógica, ahí hay espacios mágicos que se abren entre su universo y el de sus alumnos”.

El ingeniero devenido en profesor se encontrará inevitablemente con una disyuntiva, una duda, una molestia que lo hará tomar profundas decisiones respecto de la forma en que está desarrollando su labor. En un determinado momento las clases dejan de serlo y se convierten en una tortura. A todos nos embargará, probablemente, esta sensación, a algunos ya nos ha pasado en algún momento oscuro de nuestra formación profesional in situ. Lo vital es rearticularse, apelar a la emoción profunda que nos motivó a elegir esta carrera y no otra menos costosa desde el punto de vista emocional. Algunos nunca reconocen el golpe y pasan a engrosar la onerosa lista de profesores gastados, cansados, prejuiciadores, castigadores, que desarrollan un sentido retorcido de la autoridad, que hacen más daño con sus palabras y acciones que beneficios. Otros dan el salto, revisan en profundidad su práctica, acogen la humildad como parte integral de su formación, no dudan en reconocer errores y buscar la mejor forma de resolverlos, reconocen en una clase que no funciona la posibilidad segura de mejora asumiendo su propia responsabilidad, se sienten aprendices permanentes, dudan de las certezas ciegas y arrogantes. Se hacen fuertes de una manera muy intuitiva y son capaces de llevar a la práctica sus nuevos descubrimientos, esos son los imprescindibles diría en clave pedagógica Beltolt Brecht.

Thakeray resuelve el acertijo, colapsa una posibilidad diría un seguidor de las lógicas cuánticas; colocado en su propio tránsito histórico elegirá lo nuevo, lo no inventado, será el creador de su propio método, con lo cual se constituirá, con todos los pergaminos, en un pedagogo, y su método moverá los cimientos de las vidas de sus estudiantes, como suele suceder cuando detrás de un profesor cualquiera se esconde una profunda y arrolladora pasión cuyo cauce es la educación. Thakeray tiene, entonces, su momento de insight, es decir aquella experiencia profunda que lo hace “mirarse hacia adentro” y cobrar una mirada más amplia de lo normal, una mirada abarcadora que lo lleva a elegir en esa disyuntiva de las decisiones, el camino correcto.

DATOS DE LA CINTA
Título Original: To Sir with love. Rebelión en las Aulas (España)
Duración: 01:44:56
País: Reino Unido
Año: 1967
Director: James Clavell
Guión: James Clavell (Novela: E.R. Braithwaithe)
Fotografía: Paul Beeson
Música: Ron Grainer
Actores: Sidney Poitier, Christian Roberts, Judy Geeson, Suzy Kendall, Ann Bell, Faith Brook, Geoffrey Bayldon, Patricia Routledge, Mona Bruce, Fiona Duncan, Rita Webb, Adrienne Posta, Edward Burnham
Productora: Columbia Pictures
Género: Drama

Les dejo dos videos de la cinta. En el primero podemos ver los últimos minutos de la película con la inolvidable canción que da título a la historia, interpretada por una artista de la época "Lúlú", quien también formó parte del elenco

El segundo video es una versión en castellano, interpretado por una artista peruana de nombre Kela Gates


AL MAESTRO CON CARIÑO (Versión en castellano)
Y pasó el tiempo
Y el colegio tuve que dejar
Con mil recuerdos
Que en mi mente Siempre quedarán
Del profesor que yo me reí
Fue el que me enseñó la realidad … Sí…
Sé que no es fácil olvidar
Ni la luna, ni el cielo, ni el mar Siquiera lo podrá igualar
Ni las estrellas Podrás encontrar
La vida Que él nos da
Por eso canto Y mi mensaje Quiero hacer llegar
Sé que es humilde Más con el alma Se lo voy a dar
Es para usted En nombre de Dios
Es para el maestro con amor
Es para usted Que nos guió
Ni la luna, ni el cielo, ni el mar Siquiera lo podrá igualar
Ni las estrellas Se lo cantarán
Al maestro Con amor…
• Canción “Al maestro con cariño” en la versión española por la cantante peruana Kela Gates con el grupo musical Los Belkings. (Versión en inglés por la cantante Lulú)
Por último, en un próximo envío, les dejaré una selección básica respecto de la música rock y la Nueva Canción Chilena

jueves, 21 de octubre de 2010

EXTRACTO DE UNA CARTA DE PEDRO DE VALDIVIA

El presente es un extracto de una de muchas cartas que Pedro de Valdivia envió tanto al conquistador del imperio Inca, Francisco Pizarro, como al rey de España, Carlos V. En ellas, el conquistador castellano fue, quizás, el primero en vender “una imagen país” que hablaba del virtuosismo de nuestra tierra, que no sólo era visual sino también que hablaba de riquezas minerales en abundancia, que brotaban de la tierra y tornaban a los desventurados y desposeídos hombres en notables señores. Evidentemente lo de las riquezas en abundancia no era tan cierto. Nuestro territorio, a diferencia de otros, no tenía en abundancia este metal que alteraba de forma tan singular la producción de saliva de los conquistadores extranjeros… Bueno, en realidad si lo tenía, pero una vez más la riqueza de nuestro suelo colmará bolsillos extranjeros como es el caso de PASCUALAMA, o la mitad del cobre de nuestro suelo, o el molibdeno y ayer el salitre…en fin, para qué seguir. Por último, es interesante pero no menos chocante leer cómo el conquistador cuenta de muertos y orejas y narices cortadas como si hablara de lo bonito del clima o de la diversidad de la fauna local. Las cursivas y las negritas llegando al final de la lectura son mías, el escrito es de Él, la culpa es de la historia, nuestro olvido es la victoria de los poderosos, la ignorancia es nuestro peor enemigo, como decía Gondwana.

A SUS APODERADOS EN LA CORTE
Santiago, 15 de octubre de 1550
“…Informar cómo torné a dar la vuelta e torné a pasar el río de Nibequetén, e fuime al de Biubiu abajo, que allí se juntan ambos, cinco leguas de la mar, hasta que llegué a ella. Asenté media legua del río de Biubiu en un valle, cabe unas lagunas de agua dulce, para buscar de allí la mejor comarca donde asentar, no descuidándome en la vela y guardia que nos convenía, porque velábamos los medios una noche y los otros otra. La segunda noche vinieron, pasado la media della, sobre nosotros tres escuadrones de indios, que pasaban de veinte mill, con un tan grande alarido e ímpetu, que parescía hundirse la tierra, y comenzaron a pelear con nosotros tan reciamente que ha treinta años que peleo con diversas naciones e gente e nunca tal tesón he visto en el pelear como éstos tuvieron contra nosotros. Estuvieron tan fuertes, que en espacio de tres horas no pude romper un escuadrón con ciento de a caballo. Era tanta la flechería e astería de lanzas, que no podían los cristianos hacer arrostrar sus caballos contra los indios. E desta manera estábamos peleando todo el dicho tiempo, hasta que vi que los caballos no podían meterse entre los indios. Arremetí a ellos con la gente de pie, e como fui dentro en su escuadrón e sintieron las espadas, desbaratáronse e dan a huir. Hiriéronme sesenta caballos e más, e otros tantos cristianos, e no murió más de un cristiano, e no a manos de indios, sino de un soldado que, disparando a tino un arcabuz, le acertó. Lo que quedó de la noche e otro día atendieron a curarse e yo fui a ver la comarca para asentar, que fue en la parte donde los años pasados, cuando vine a descubrir, había mirado.
Informar cómo a los veintitrés de hebrero pasé allí el campo e hice un fuerte, cercado de muy gruesos árboles, espesos, entretejídolos como seto, e haciendo un ancho e hondo foso a la redonda, a la lengua del agua e costa de la mar, en un puerto e bahía el mejor que hay en estas Indias. Tiene en un cabo un buen río que entra allí en la mar, de infinito número de pescado, de céfalos, lampreas, lenguados, merluzas e otros mill géneros dellos, en extremo buenos, e de la otra parte pasa otro riachuelo de muy clara e linda agua, que corre todo el año. Aquí me puse por ser muy buen sitio y por aprovecharme de la mar para me socorrer de la galera y un galeontete que traía de armada el piloto capitán Joan Batista de Pastene, al cual había dado orden me viniese a buscar en el paraje de Biubiu, e corriese a la costa hasta me hallar.
Informar asimismo cómo a veinte e tres de hebrero comencé a hacer el fuerte e se acabó en ocho días, e fue tal e tan bueno, que se puede defender de franceses, el cual se hizo a fuerza de brazos. Hízose por dar algún descanso a los conquistadores en la vela e por guardar nuestro bagaje, heridos y enfermos e para poder salir a pelear cuando quisiésemos y no cuando los indios nos incitasen a ello.
Informar cómo a tres de marzo del año de quinientos e cincuenta entramos en el fuerte e repartí las estancias. A todos ordené las velas e guardias, de tal manera, que podíamos descansar algunas noches, cayéndonos la vela de tres en tres días. Estando ocupados en hacer nuestras casillas para nos meter e pasar el invierno, que comienza por abril, me vino nueva cómo toda la tierra se juntaba para venir sobre nosotros, y estos toros cada día los esperábamos, viendo que por nuestra ocupación no habíamos podido salir a buscarlos a sus casas.
Informar asimismo cómo un día, a hora de vísperas, se presentaron sobre nuestro fuerte en unos cerros cuatro escuadrones, que habría cuarenta mill indios, viniendo a dar socorro otros tantos e más. Salí a las puertas; e como vi que no se podían favorescer el un escuadrón al otro, envié al capitán Jerónimo de Alderete con cincuenta de caballo, que venía un tiro de arcabuz de la una puerta. Ellos, con determinación de ponernos cerco, marcharon para el fuerte. Acomételos de tal manera, que luego dieron lado, e viendo los otros escuadrones esto, dan a huir. Secutóse la vitoria; matarse hían hasta dos mill indios; hiriéndose otros muchos. Prendiéronse trescientos o cuatrocientos, a los cuales hice cortar las manos derechas e narices, dándoles a entender que se hacía porque les había avisado viniesen de paz e me dijeron que sí harían, e viniéronme de guerra, e que, si no servían, que así los había de tratar a todos; e porque estaban entre ellos algunos caciques principales, dije a lo que veníamos para que supiesen e dijesen a sus vecinos, e así los licencié.
Informar cómo luego hice recoger toda la comida de la comarca y meterla dentro en el fuerte…”

CARTA DEL CACIQUE SEATTLE

Les dejo otro texto clásico desde la perspectiva de nuestra mirada originaria. La comentada suposición de que se trata de una interpretación libre realizada por un hombre contemporáneo de nombre TED PERRY es más que una suposición, una realidad evidente. Sin embargo,podemos reconocer en este mensaje un fascinante resumen de lo que algunos llamamos la filosofía originaria, la mirada de América preeuropea que se une en torno a temas comunes, más allá de las rencillas, las guerras y las diferencias culturales y locales, una voz que nos conecta, más allá del tiempo y la distancia, que nos transforma en hijos del mismo suelo, de la misma gran patria que resulta ser nuestro continente.

CARTA DEL JEFE SEATTLE
El Gran Jefe Blanco en Washington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Washington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.
Pero... ¿Quién puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa idea es para nosotros extraña. Ni el frescor del aire, ni el brillo del agua son nuestros. ¿Cómo podría alguien comprarlos? Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos? Aún así, trataremos de tomar una decisión.
Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.
Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se alejan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el cuerpo sudoroso del potro y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.
Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Washington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos.
Él ha enviado máquinas para ayudar al hombre blanco en su trabajo, y con ellas se construyen grandes poblados. Él hace que vuestra gente sea, día a día, más numerosa. Pronto invadiréis la tierra, como ríos que se desbordan desde las gargantas montañosas, como una inesperada lluvia. Mi pueblo, sin embargo, es como una corriente desbordada, pero sin retorno. No, nosotros somos razas diferentes. Nuestros hijos y los vuestros no juegan juntos, y vuestros ancianos y los nuestros no cuentan las mismas historias. Dios os es favorable, y nosotros nos sentimos huérfanos.
Aun así, meditaremos sobre vuestra oferta de comprarnos la tierra. No será fácil, porque esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz del padre de mi padre.
Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino.
La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.
Mi gente siempre se ha apartado del ambicioso hombre blanco, igual que la niebla matinal en los montes cede ante el sol naciente. Las cenizas de nuestros antepasados, sus tumbas, son tierra santa, y por eso estas colinas, estos árboles, esta parte del mundo, nos es sagrado. Nuestras costumbres son diferentes. Tal vez sea porque soy un salvaje que no comprendo.
No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir de las alas de un insecto. Tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo.
El ruido de vuestras ciudades es un insulto para el oído de mi gente y me pregunto, ¿qué clase de vida tiene el hombre que no es capaz de escuchar el grito solitario de la garza o el diálogo nocturno de las ranas en un estanque?
Mi pueblo prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.
El aire es de gran valor para nosotros, pues todas las cosas participan del mismo aliento: el animal, el árbol, el hombre, todos. El hombre blanco parece no dar importancia al aire que respira, a semejanza de un hombre muerto desde hace varios días, que es insensible a su propio hedor. Pero, si os vendemos nuestra tierra, no olvidéis que tenemos al aire en gran estima, que el aire comparte su espíritu con la vida entera. El viento dio a nuestros padres el primer aliento, y recibirá el último. Y el viento también insuflará la vida a nuestros hijos. Y si os vendiéramos nuestra tierra, tendríais que cuidar del aire como un tesoro y cuidar la tierra como un lugar donde también el hombre blanco sepa que el viento sopla suavemente sobre la hierba en la pradera.
Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré otra condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.
Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros apenas sacrificamos para protegernos y alimentarnos.
¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.
Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de nuestros abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Nuestros muertos siguen viviendo entre las dulces aguas de los ríos, y regresan con cada suave paso de la Primavera, y sus almas van con el viento que sopla, rizando la superficie del lago. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.
Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia.
Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.
Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo.
Podéis pensar que ahora Dios os pertenece, de igual manera que hoy deséais que nuestras tierras sean vuestras. Pero Él es el Dios de todos los hombres y su amparo alcanza a mi gente y a la vuestra.
La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos.
Cuando nos despojen de nuestro terruño, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre ellas y sobre el hombre piel roja.
Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar [telégrafos].
¿Qué ha sucedido con el bosque espeso? Desapareció.
¿Qué ha sucedido con el águila? Desapareció.
La vida ha terminado. Ahora empieza la supervivencia.

martes, 12 de octubre de 2010

12 de octubre de 2010 – LA SANGRE PRIMERA

518 años. Demasiadas generaciones. Millones de vidas cegadas en nombre de santas palabras y superiores razones. Basta sólo mirar el mapa de América Central. Tuvieron que traer esclavos negros para suplir la mano de obra originaria que moría a millares esclavizados en las minas, en condiciones infrahumanas hasta reventar y que terminó prácticamente por desaparecer en su totalidad. Y lo mismo en América Central y lo mismo en los Andes Centrales y luego la larga muerte cultural, la imposición de un idioma único, de una nueva y única religión para tan diverso panorama cultural. Nuevos conceptos como propiedad privada, robo y enfermedad. Nuevas armas de destrucción masiva, nuevas tecnologías que reemplazaron a la piedra, madre fundadora de todo el orden cosmogónico amerindio.

Evidentemente, para el fenómeno del exterminio de nuestros pueblos a manos de los depredadores europeos no existe un consenso definido respecto de la cantidad de muertos y, en ese sentido surgen dos miradas extremas desde el mundo de la historiografía: Los que hablan de un 95% de la población precolombina muerta en los primeros 130 años de conquista y los que creen que del total de habitantes de nuestro continente, un 30% fue muerto. Cualquier análisis respecto de esta situación debiese instalarse entre una de estas dos orillas y aún desde la perspectiva menos dramática hablamos de varios millones de muertos.

En donde si coinciden la mayoría de los expertos, aunque con los evidentes matices, es en la forma y naturaleza de las muertes. En principio se trató de una guerra de conquista de un imperio (el español) a otros, una guerra para aplacar, para imponer el poderío de las tecnologías de guerra foráneas, altamente superiores por sobre rudimentarias formas de guerra. En este proceso, en este choque, cayeron los primeros y en algunos casos, como el de la guerra mapuche/español este proceso se extendió por largos 3 siglos, con algunos intervalos de relativa paz.

La segunda madeja de este entramado de sangre fue una guerra silenciosa, microscópica, pero que cobró la mayor cantidad de víctimas. Nuestro continente, pese a que hay varias e interesantes teorías que hablan de más intercambios culturales de los que suponemos ente Europa y América antes de Colón, permaneció en una suerte de encierro sanitario durante cientos de años y los virus y bacterias que en Europa cobraron millones de muertos en algunas épocas, y que habían generado anticuerpos en las nuevas generaciones, prácticamente se desataron sin control alguno entre nuestros antepasados, que morían por montones, presa de fiebres, llagas y doloroso tormento. Enfermedades como la viruela, la peste bubólica, el sarampión, los simples resfriados, el tifus, enfermedades venéreas, entre otros flagelos, fueron más poderosos aún que la pólvora, la rueda, el caballo, las armaduras y la ambición de los primeros conquistadores.

Por último, quienes sobrevivieron a la primera ola de guerra y de guerra bacteriana fueron condenados a vivir esclavizados en las minas y en las haciendas de los nuevos dueños de la tierra. Los lavaderos de oro comenzaron a cimentar la riqueza de los extranjeros a costa de la más inescrupulosa de las explotaciones. Las alicaídas economías europeas cobraron un inusitado auge gracias a esta violenta expoliación de todo un continente… Pero este será tema de una pronta nueva crónica.

Por último les dejo dos videos cuyas canciones son preciosas desde el punto de vista de la mirada de nuestra Amérika Originaria. El primero es "La Maldición de Malinche", de Amparo Ochoa, que nos relata desde Mesoamérica la tragedia de nuestros pueblos. El segundo forma parte de la obra "Taki Ongoy", de Victor Heredia, y nos cuenta el encuentro entre las hordas de Pizarro y la corte del Inca atahualpa, el verdadero "encuentro" entre dos mundos y la cosmovisión del mundo andino.

MALDICION DE MALINCHE


CREO EN MIS DIOSES

CARTA DE UN JEFE INDIO

En este día que ya no es 12, comienzo a desarrollar otro espacio de reflexión y creación desde una perspectiva pedagógica. Aquí miraremos desde nuestra Amérika Precolombina, miraremos con los ojos de la tierra y escucharemos la voz del viento sur a través de este espacio virtual. Les dejo un precioso texto que encontré por ahí, en los senderos insondables de este mundo cibernético. En principio creí que se trataba de un texto fidedigno, pero buscando y buscando dí con el autor del texto: Luis Britto García, un genial profesor, abogado, periodista, escritor, dramaturgo y etc., venezolano. Un tipo al que hay que leer y del que hay mucha información en la web. He aquí el texto:

Carta de un Jefe Indio a los gobiernos de Europa
Por Guaicaipuro Cuautémoc
(El líder indígena mexicano Guaicaipuro Cuautémoc, que visitó Europa en 1992 por la conmemoración del 500 aniversario del descubrimiento de América, expresa sus opiniones sobre la deuda externa)

Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuautémoc, he venido a encontrar a los que celebran el encuentro. Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que se la encontraron hace quinientos años.
Aquí pues nos encontramos todos: sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.
El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron. El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por judas a quienes nunca autoricé a venderme. El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento. Yo los voy descubriendo.
También yo puedo reclamar pagos. También puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias. Papel sobre papel, recibo sobre recibo, firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América. ¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque es pensar que los hermanos cristianos faltan a su séptimo mandamiento. ¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, igual que Caín, matan y después niegan la sangre del hermano! ¿Genocidio? ¡Eso sería dar crédito a calumniadores como Bartolomé de las Casas que califican al encuentro de destrucción de Las Indias, o a ultrosos como el doctor Arturo Pietri, quien afirma que el arranque del capitalismo y de la actual civilización europea se debió a la inundación de metales preciosos!
¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de varios préstamos amigables de América para el desarrollo de Europa. Lo contrario sería presuponer crímenes de guerra, lo que daría derecho, no sólo a exigir devolución inmediata, sino indemnización por daños y perjuicios. Yo, Guaicaipuro Cuautémoc prefiero creer en la menos ofensiva de las hipótesis. Tan fabulosas exportaciones de capital, no fueron más que el inicio de un plan Marshalltezuma para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, defensores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.
Por eso, al acercarnos al Quinto Centenario del Empréstito podemos preguntarnos:
¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable, o por lo menos productivo de los recursos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional?
Deploramos decir que no. En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, armadas invencibles, terceros Reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin más que acabar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como Panamá (pero sin canal).
En lo financiero han sido incapaces -después de una moratoria de 500 años- tanto de cancelar capital e intereses, como independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta el Tercer Mundo. Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman conforme a la cual una economía subsidiada jamás podrá funcionar. Y nos obliga a reclamarles -por su propio bien- el pago de capital e intereses que tan generosamente hemos demorado todos estos siglos.
Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a los hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas flotantes de un 20 por ciento y hasta un 30 por ciento que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo de un 10 por ciento anual acumulado durante los últimos 300 años. Sobre esta base, aplicando la europea fórmula de interés compuesto, informamos a los descubridores que sólo nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185.000 kilos de oro y 16 millones de kilos de plata, ambas elevadas a la potencia de trescientos. Es decir un número para cuya expresión total serían necesarias más de trescientas cifras, y que supera ampliamente el peso de la tierra.
¡Muy pesadas son estas moles de oro y de plata! ¿Cuanto pesarían calculadas en sangre? Aducir que Europa en medio milenio no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar este módico interés sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.
Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos. Pero sí exigimos la inmediata firma de una carta de intención que discipline a los pueblos deudores del viejo continente; y los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa que les permita entregárnosla entera como primer pago de una deuda histórica.
Dicen los pesimistas del Viejo Mundo que su civilización está en una bancarrota que les impide cumplir con sus compromisos financieros o morales. En tal caso nos contentaríamos con que nos pagaran entregándonos la bala con que mataron al poeta.
Pero no podrán. Porque esa bala es el corazón de Europa.

sábado, 9 de octubre de 2010

MRS HOLLAND'S OPUS

CLAVE: Profesor de Música
La cinta es de aquellas películas presentadas en CINE PEDAGOGÍA que, a quienes hemos convertido este bello oficio de influir a través de la pedagogía en los corazones y en el mundo de las ideas de nuestros estudiantes, nos emociona en lo más profundo de nuestro ser. La última escena, cuando el profesor tras recoger sus cosas luego de ser despedido, se va acompañado de su esposa e hijo y tras oír un ruido en el gimnasio irrumpe en él, es sobrecogedora; no podemos dejar de pensar cómo será aquel día en que la sociedad nos termine transformando en un desocupado por jubilación a nosotros mismos. ¿Seremos recordados con el mismo cariño?, ¿Habremos sido lo suficientemente dignos de nuestra investidura?, ¿Habremos sido realmente significativos para nuestros estudiantes, o seremos uno más en una larga lista de profesores para el olvido?.

El profesor Holland no eligió la pedagogía como primera opción, al contrario. Llegó a ella a través de caminos más complejos, como algunos de nosotros. Descubre su vocación tras otros intentos que terminan de llenar sus inquietudes más recónditas, pues en principio tan sólo vio la labor docente como un medio seguro para ganar dinero y que le permitiría el tiempo suficiente para desarrollar su principal motivación: componer “la obra de su vida”. En su clase de “apreciación musical” descubre su verdadera vocación, pero su experiencia de vida no se traduce tan sólo en la historia de un profesor de música que enseña música a sus estudiantes, él aprende a ser un PEDAGOGO, es decir, un educador que a través de la entrega de su arte u oficio, influye de manera profunda en la vida de sus estudiantes, promoviendo una MIRADA, una forma de ver más allá de lo evidente, proporcionándoles una “brújula” como tan certeramente se lo señala la directora de la es
cuela donde comienza a trabajar.

En la película podemos apreciar varias historias que cobran vida propia pero que no dejan de estar unidas por un coherente y sensible hilo conductor. Por un lado no podemos dejar de pensar que la trama nos cuenta la historia de un educador a lo largo de 30 años de su vida, desde que trabaja como músico en locales nocturnos hasta que jubila de profesor de música rodeado del reconocimiento y el aprecio de compañeros de trabajo y generaciones de estudiantes.
Del mismo modo en el desarrollo de la trama se va generando una creciente tensión dramática en la relación entre Holland y su hijo sordo. Podemos imaginar lo complejo y doloroso que debe ser para un músico convivir, en principio, con un hijo que no podrá apreciar con la misma energía que uno espera su obra. Holland vivió esa tensión y hay que ver la película para saber si pudo resolver de manera satisfactoria ese conflicto. Otro nudo de la historia es la relación de afecto-amor que se va desarrollando entre el profesor y una aventajada, bella y de dulce voz estudiante: Rowena. Rowena es la musa poderosa colmada de hechicería, aquella capaz de modificar el eje de la tierra con tan sólo una mirada suya directo al corazón del hombre artista, basta sólo dar un pequeño paso, basta sólo dejarse llevar por la marea incontenible, por la pasión, por la dulce pasión creadora que todo lo transforma con su lenguaje de manantial. Holland es un artista de una fibra única, sin embargo. Prima en él la reflexión pedagógica, el amor entrañable a su familia, su perspectiva ética que le impide transformar su relación maestro/alumna en algo más visceral.

Mrs Hollad’s Opus, es decir, La Obra del Señor Holland, nos muestra el despe
rtar de la vocación, la maduración pedagógica de un hombre para el que el trabajo docente, en principio, era sólo un trabajo como cualquier otro y, en ese sentido, no generaba posibilidad alguno de un intercambio fluido de ideas y pasión con sus estudiantes, los que reprobaban en gran número su clase y se contagiaban de su antipatía y falta de motivación. Cuando Holland descubre su talento para enseñar, todo en él se revoluciona. Los estudiantes captan su energía, se enamoran de su arte, son capaces de mirar el mundo desde una perspectiva musical y así pasan los años hasta que las nuevas políticas económicas y educacionales deciden descartar el arte en sus prioridades y Holland es despedido, cualquier semejanza con la realidad no es una mera coincidencia.

ESCENAS DE LA CINTA


DATOS DE LA PELÍCULA
DIRECTOR: Stephen Herek
PAÍS: Estados Unidos
GUIÓN: Patrick Sheane Duncan
MÚSICA: Michael Kamen
FOTOGRAFÍA: Oliver Woods
AÑO: 1995
DURACIÓN: 135 minutos
GENERO: Drama
ACTORES PRINCIPALES:
-Richard Dreyfuss como el profesor Glen Holland

- Glenne Headly como Iris Holland, la esposa del profesor
- Jay Thomas como Bill, el profesor de deporte
- Olimpia Dukakis como Helen Jacobs, la directora del colegio
- Jean Louisa Kelly como Rowena, la alumna enamorada
PREMIOS: Nominaciones a los Globos de Oro 1995 como mejor actor para Richard Dreyfuss y mejor guión. Nominación al Oscar 1995 al mejor actor. Premio alfa y Omega 1996 a los valores morales

martes, 5 de octubre de 2010

PASAJERO HABITANTE DE LOS DÍAS

Caminar, ceñirse el traje de los días, ajustar el sombrero, abrir los ojos, despertar de súbito en medio de la noche y la lluvia detrás de la ventana anunciando el advenimiento de algo más hermoso aún que la aurora después de un día de lluvia, vacía de aire enrarecido. Caminar bajo la deriva de los días, romper con el reloj que nos encadena, acabar con su grisácea monotonía, relentar los aplausos, dejar de pensar en el día aquel de nuestro nacimiento, olvidarse de todo lo prescindible, tantas cosas, tal vez, tantas cosas.

Mirar el cielo como el primer día al nacer de madrugada pasada la media noche, escuchar las campanadas de una vieja iglesia de pueblo convocando a los ausentes, ver marchitarse las lilas y los heliotropos y las hojas de mi antiguo cuaderno virgen y la camisa favorita que de tan desgastada ya no sirve más que de trapero en la cocina. Beber del vino abierto hace dos semanas, sentir el saborcito agrio adueñándose de la boca, beber sin embargo, reescribir un gastado texto nunca terminado, acostumbrarse a los nuevos esquemas, ver la puesta de sol desde mi ventana espacial, aquella que de sólo cerrar los ojos transforma toda su estructura en un espejo de agua tibia y sencilla, cerrar los ojos, respirar sin dificultad el nuevo aire de octubre de 2010, sentir una vez más el temblor imperceptible de la tierra, agitarse con su movimiento en torno al sol, cerrar los ojos, respirar sin dificultad, asombrarse, mirar la puesta de sol, acostumbrarse, sonreír por este día existencial, sentir el gusto aún del vino en el paladar, ajustarse el nuevo traje, acomodar la negra bufanda a su permanente sitio en torno al firme y delicado cuello, cerrar los ojos, fijar la mirada,respirar hondo y muy ligero, cargarse entero con la pasión que habita en el ozono, apagar los faroles, cerrar el eterno bolso luego de guardar en él los eternos abalorios, mirar hacia la puerta, apagar las luces, buscar la llave en los bolsillos, hacerla sonar entre los dedos, recordar un pésimo programa de la televisión, cerrar los ojos, sonreír, llenarse el pecho de dulzura, escrutar el horizonte lejos de la puerta y frente a la mirada de hombre animal hijo de la tierra, cerrar la puerta tras de sí, respirar hondo y con plena convicción de los actos, abrir el pecho, echarse a andar sin mirar atrás… El viento sur guía mis pasos.

NADA QUE CELEBRAR

Ahora sí, septiembre ha pasado y con él las dificultades para escribir en estos días. Ya comienza a volver la calma tras el vendaval de ruido y fiebre tricolor. La chilenidad se vistió de gala. Los jardines infantiles, colegios, universidades, oficinas espacios públicos y todo lugar habitable desplegaron sus ingenios, atizaron la fiebre colectiva y todo lo visible fue adornado prolijamente para la ocasión. 200 años desde el comienzo de la independencia… El Bicentenario…

Los medios de comunicación tuvieron fiesta para un buen rato. Los dueños del retail lloraban lo que dejarían de ganar durante 3 días, los dueños de los almacenes de barrio se preparaban henchidos de emoción por la gran oportunidad que se les presentaba. De todas partes imaginables florecieron niñas vestidas de “chinas” y pequeños engalanados en sus trajes de “huaso”, huasos terratenientes, por cierto. Olor a empanadas de pino, la rica cebolla bajada con algo de azúcar, contundentes asados, vino tinto y chicha dulce de uva. Imágenes de gente celebrando, gente bailando, borrachos, peleas, borrachos, el pie de cueca del presidente, el viejo y poco agraciado pie de cueca de Lagos Weber, borrachos, un minero atrapado bailando en torno de la bandera, fondas, nuevos asados, la empanada más grande del mundo, juegos de luces, ensayo de aviones en el cielo, bandas de guerra en los colegios, desfiles, borrachos, perros vagabundos, conciertos gratuitos de chilenidad, banderas, banderillas, cintillos, chapitas, O’Higgins y Carrera unidos a la fuerza con el beneplácito de la Logia Lautarina, la bandera más grande de todas las banderas, parada militar para que tiemblen los vecinos de más al norte, mensajes de los 33 mineros atrapados, cumbias, bailanta popular, reggaeton a todo flow, aviones sobre La Moneda bombardeando humos tricolores esta vez, celebración, desmanes, borrachos, perros vagabundos, celebración y desmanes, más celebración, desfile de barcos, borrachos, borrachos y más borrachos, el ruido, el himno nacional con la mano derecha en el pecho a la usanza gringa, las luces de una ciudad bulliciosa, el frío de una noche que aún no es verano, el latido urbano, la bandera con su estrella solitaria. Celebración y más celebración… Demasiada chilenidad, demasiado pan y circo romano para mi viejo gusto de hombre anclado a la tierra.

Algunos de los que vivimos y transitamos a diario por este mismo suelo no tenemos nada que celebrar. ¿Cómo podríamos celebrar mientras un puñado de guerreros mapuches mantuvo inalterable una huelga por más de 80 días hasta la fecha de realización de este texto?, ¡¡¡80 días!!!, 80 días para exigir ser tratados con los mismos derechos que cualquier otro habitante de esta tierra, 80 días para romper el cerco comunicacional de los poderosos de siempre. En Chile debe generarse una profunda discusión respecto de los cimientos culturales que le dan forma a nuestro carácter colectivo, si es que lo tenemos… No somos una cultura uniforme, una nación bajo la lógica tradicional que pretende uniformar las diferencias. Somos una nación multicultural, diversas culturas la habitamos y la chilena, generada con fuerza creciente a partir del proceso independentista, es una de estas culturas, probablemente la más híbrida, la más heterogénea, la más masiva. En la medida en que los educadores fomentemos una discusión profunda respecto a construir un país que respete la sencilla pero profunda y necesaria diferencia entre las culturas, un país que no le tenga miedo a la diversidad, que reconozca el derecho de los pueblos a vivir y mantener las costumbres ancestrales, que le otorgue calidad jurídica a la multiculturalidad, este tema dejará de ser noticia de la crónica policial y dejarán de existir ciudadanos de primera y segunda clase. Cambiar esta perspectiva es cambiar la naturaleza del Estado, un Estado que se ha caracterizado por fomentar, avalar y justificar los procesos históricos de exterminio y posterior despojo de los territorios ancestrales en beneficio de los inversionistas nacionales y multinacionales, un Estado que representa los intereses de la eterna élite gobernante y que se vale de sus medios de comunicación para desinformar y generar una visión parcial y carente de una mínima perspectiva histórica respecto de los conflictos de autonomía y búsqueda de reconocimiento de nuestros pueblos originarios.

Octubre comienza a transformar de manera tímida el amanecer en una brisa cada vez más tibia y bienhechora. El ciclo de la vida sigue su curso inalterable y las siembras se preparan para sus primeros brotes. Es la hora de caminar, dejarse llevar por el viento sur, sentir el latido de la madre tierra que nos arrulla, buscar en el sueño la voz profunda de los antepasados, hablar con la lluvia, con los árboles del camino y mantener la misma mirada de los antiguos que a veces nos hablan desde el horizonte de los sueños.